A unos treinta kilómetros de Palermo, y mas precisamente en el municipio de Partinico, hay un pequeño distrito de unos cincuenta habitantes, que atrae a turistas y curiosos de toda Sicilia, y de Italia. Se trata de Borgo Parrini, una pequeña aldea conocida desde 1500, que en los últimos años ha sido hábilmente restaurada y mejorada por los residentes, de acuerdo con un estilo artístico inspirado por Gaudí como un pequeño Parque Güell en Barcelona.

Es difícil no deslumbrarse por los brillantes colores de las casas del antiguo pueblo cuya arquitectura recuerda a la de Antoni Gaudí, el arquitecto español, protagonista del modernismo catalán que creó algunos de los más bellos monumentos y edificios "Sagrada Familia" de Barcelona. Pero eso no es todo, en Borgo Parrini se respira un aire "internacional" que se inspira también en el arte y la cultura portuguesa, griega, árabe y sobre todo siciliana.

La historia de este pueblo comienza en el siglo XVI, cuando los padres del Noviciado Jesuita de Palermo, decidieron comprar algunas tierras agrícolas cerca del pueblo de Partinico (de aquí viene el nombre "Parrini" que en dialecto siciliano significa sacerdotes). Estas propiedades fueron gradualmente explotadas por la creciente Compañía de Jesús, hasta que alcanzaron una cierta importancia estratégica para las obras dé la orden.

A principios del siglo XVIII, como se usaba en aquel entonces en el campo, los jesuitas hicieron construir algunas estructuras en esas tierras, incluyendo un molino, varios almacenes, torres de vigilancia para los campirei, casas para colonos y obreros, y una pequeña iglesia, que fue nombrada en honor a María SS. del Rosario.

Tras la supresión de la Orden Jesuita en 1767, la propiedad del pueblo pasó a manos del príncipe francés Henri d'Orleans, duque de Aumale, que quería explotar la tierra fértil para la producción de moscatel de calabaza, un vino muy apreciado en la Europa del siglo XIX.
El noble francés creó una floreciente granja, en la que trabajaban unos 300 obreros, que encontraron alojamiento en los edificios de Borgo Parrini.

Las uvas cultivadas aquí, fueron luego traídas a Terrasini, donde se produjo el vino fino, que el príncipe exportó principalmente a Francia y Alemania.

Después de la Segunda Guerra Mundial, como miles de otras aldeas italianas, la población comenzó a abandonar el lugar, para trasladarse a las grandes ciudades, como consecuencia muchos edificios permanecieron deshabitados durante décadas.

En los últimos años, gracias a la intuición del empresario local Giuseppe Gaglio, y a los pocos residentes, el pueblo ha experimentado una nueva vida.

Algunas casas antiguas han sido restauradas en un estilo que recuerda el modernismo catalán de Antoni Gaudí, con formas particulares, obras de arte y colores brillantes. Los pisos y las paredes también han sido reconstruidos de acuerdo al nuevo estilo, que atrae a tantos visitantes a esta pequeña Barcelona palermitana.

Hoy en día, Borgo Parrini se ha convertido en un destino a descubrir para todos aquellos turistas que aman visitar lugares hermosos pero poco conocidos, sumergiéndose en una atmósfera casi surrealista.

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