"ELLOS SE VAN. Tristes, silenciosos, como tal vez su vida, hecha de trabajo, de sacrificios, ha sido humilde y silenciosa.
Una generación se va, la que vio la guerra, la olió y sintió las penurias, entre la huida a un refugio antiaéreo y el anhelo de algo para alimentarse.
Dejan manos endurecidas por callos, rostros marcados por profundas arrugas, recuerdos de días pasados bajo el sol abrasador o el frío punzante. Manos que han movido escombros, amasado cemento, hierro doblado, en un chaleco y un sombrero de periódico.
Los de la Lambretta, el Fiat 500 o 600, los primeros refrigeradores, la televisión en blanco y negro. Nos dejan, envueltos en una sábana, como Cristo en la mortaja, los del boom económico que con sudor han reconstruido esta nación nuestra, dándonos ese bienestar del que nos hemos aprovechado impunemente.
La experiencia, la comprensión, la paciencia, la resistencia, el respeto y las cualidades que ahora se han olvidado han desaparecido.
Se van sin una caricia, sin que nadie les dé la mano, sin siquiera un último beso.
Los abuelos dejan, la memoria histórica de nuestro país, el patrimonio de toda la humanidad. Toda Italia debe decir GRACIAS y acompañarte en este último viaje con 60 millones de caricias..."