En este período particular, varios estudios psicológicos han comenzado a estudiar el fenómeno de la pandemia de COVID-19 tratando de analizar e intuir las posibles repercusiones psico-físicas derivadas de esta situación general. Se habla del 45% de la población en riesgo (jóvenes, niños, tercera edad) y del 55% con problemas causados por el estrés, la ansiedad, los trastornos del estado de ánimo. Se ha demostrado que estas molestias pueden tener consecuencias importantes para la salud física, las relaciones laborales, sociales y el rendimiento emocional del sujeto

Lo que actualmente no han intuido los distintos políticos y administradores gubernamentales en materia de salud y que la situación actual no se puede resolver de manera "indirecta" basándose únicamente en planes de acción económica y financiera, es aconsejable evaluar y planificar posibles estrategias de intervención específicas dirigidas a la psicología social, para permitir guiar a todos aquellos sujetos que se encuentren a afrontar solos o con sus familias problemas de tipo fiscal, laboral, personal, de salud o simplemente tratar de volver a su vida normal.

Actualmente esta situación se gestiona con "pequeños paliativos", en efecto las Autoridades Públicas de los distintos países han en general activado, los pocos recursos presentes en el territorio de los distintos Países: 22% de los psicólogos públicos en el Servicio Sanitario no es suficiente para satisfacer el 100% de la demanda global actual, en comparación con la necesidad real que nos vemos obligados a afrontar. Obviamente una fuerza médica demasiado baja, para manejar esta guerra invisible, donde cada día llegan y se hace imposible conducir con la proporción: donde por cada 100 enfermos, sólo 2 psicólogos están disponibles.

Porque en las escuelas, en los Servicios Sociales, en la medicina familiar, en las estructuras para ancianos, en las estructuras de salud pública y privada de hecho los psicólogos en todo el mundo son actualmente una fuerza muy importante, pero actualmente hay muy pocos puestos de trabajo para contratar a estos profesionales, además de no ser apreciada y percibida como una figura médica por todos, salvo excepciones esporádicas.

El COVID-19 a través de esta pandemia, desencadenó la máquina de la solidaridad dirigida por tales profesionales especializados en varios campos: cientos de miles de profesionales (doctores, psicólogos, profesores universitarios, psiquiatras, psicoterapeutas, entrenadores mentales, formadores) reconocidos por el Organización Mundial de la Salud, han prestado su trabajo gratuitamente en estos meses en más de un millar de iniciativas locales, nacionales e internacionales.

Los diferentes Ministros de Sanidad que dirigen los distintos Gobiernos han activado un número verde de apoyo psicológico, precisamente gracias al trabajo solidario de estas figuras profesionales. Es increíble que el porcentaje de disponibilidad haya aumentado gracias a estas iniciativas, hemos pasado de un 22% de psicólogos disponibles a un 55% de absoluta disponibilidad. Por cada diez psicólogos movilizados para la pandemia 7 lo han hecho de forma totalmente solidaria.

Pero en esta guerra, la solidaridad no es suficiente. Además, no se puede pedir a los profesionales que trabajen gratis durante meses. Las necesidades psicológicas de los ciudadanos y los profesionales necesitan consideración y respeto. Terminada la primera emergencia hay que poner manos a respuestas estructurales, coordinadas y eficaces, no sólo reparadoras sino también de promoción de recursos y resiliencia, tratando de aportar y emplear a más figuras profesionales posibles porque a menudo "una mente fuerte puede salvar una vida".
Para ello se necesitan propuestas concretas y viables, que tengan en cuenta el difícil marco global, en la Salud, en la Escuela, en el campo del Trabajo y del Social. En las articulaciones donde se pueden interceptar estos problemas y dar respuestas rápidas.

Se ignora que la salud y los equilibrios de las personas y de los contextos están hechos también de psicología. Si no se modifica este estado de cosas, este enorme sufrimiento psicológico sólo podrá transformarse en problemas físicos, psiquiátricos, conflictos, dramas humanos y sociales.

Hay que esperar que el sentido común prevalezca en las diversas oficinas gubernamentales y de competencia. Que en medio de tantos ruidos también estas necesidades tan importantes encuentren la atención que merecen. Un cuerpo fuerte con una mente débil, no sirve como explica "A. Jodorowsky" en su texto: "La enfermedad es un conflicto entre la personalidad y el alma. Muchas veces, el resfriado "cola" cuando el cuerpo no llora. El dolor de garganta "tapón" cuando no es posible comunicar las aflicciones. El estómago "arde" cuando las rabias no logran salir. La diabetes "invade" cuando la soledad duele. El cuerpo "engorda" cuando la insatisfacción aprieta. El dolor de cabeza "deprime" cuando las dudas aumentan. El corazón "afloja" cuando el sentido de la vida parece terminar. El pecho "aprieta" cuando el orgullo esclaviza. La presión "sube" cuando el miedo aprisiona. La neurosis "paraliza" cuando el niño interno tiranía. La fiebre "calienta" cuando las defensas explotan las fronteras de la inmunidad. Las rodillas "duelen" cuando tu orgullo no se dobla. El cáncer "mata" cuando te cansas de vivir. La enfermedad no es mala, te advierte que te equivocas de camino".