Comunicar de forma eficiente no es tarea sencilla y hasta podría ser un tema controversial. Hoy en día en algunos entornos el contacto cara a cara ha disminuido, haciéndose más presente la comunicación en el ámbito digital y descuidando la importancia de un oportuno lenguaje escrito.

El «Efecto Babel» en digital es un término que atribuimos a la distorsión del lenguaje escrito por la necesidad de encontrar abreviaturas en mensajes digitales, junto a confusiones ortográficas y gramaticales. Estas acciones, realizadas por omisión y desconocimiento, se vuelven cotidianas, llegando a ser aceptadas en la comunicación digital para la escritura de una lengua.

El escritor y filósofo italiano Umberto Eco fue duramente criticado y hasta catalogado dentro de una élite segregacionista comunicacional y gramatical, por lo expresado en una entrevista que le realizó el periódico La Stampa, diciendo: «Las redes sociales dan derecho a hablar a legiones de imbéciles que antes solo hablaban en el bar después de una copa de vino, sin dañar a la comunidad. Eran silenciados de inmediato, mientras que ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles». 

Actualmente la silenciosa aceptación de bulos, palabras fuera de sitio, equívocos ortográficos e ingente cantidad de mensajes, han creado una multitud de pacientes adivinadores de la escritura. Por ejemplo, es lamentablemente normal encontrarse con este tipo de casos:

La buena comunicación es un valor importante para la sociedad, que debería ser inculcada desde el hogar y reforzada en todos los niveles educativos. En una reciente entrevista, la psicóloga Mirenis Guariento y directora del preescolar «La Escuelita de Ginett» nos habla de la importancia del lenguaje en la primera infancia: 

«Desde el punto de vista pedagógico, en tiempos de innovación donde se hacen necesarios estimulantes cambios en metodologías educativas, se debe enseñar sobre la inteligencia emocional. La estimulación motriz es importante en el desarrollo infantil, las actividades que desarrollen la grafomotricidad, específicamente la motricidad fina a través de ejercicios de movilidad y trazos libres para adquirir de manera más rápida y sencilla el lenguaje escrito, logrando el correcto agarre del lápiz y dominio de sus extremidades. 

En este sentido, también debemos inculcar el hábito de la lectura, este es sin duda uno de los principales elementos que ayudan a desarrollar un buen lenguaje escrito ya que les permite reconocer la manera correcta de escribir las palabras y emplear los signos de puntuación, además de aumentar su capacidad de análisis y razonamiento. Hay que recordar que el proceso de lectoescritura se desarrolla en conjunto. La lectura se apoya con la escritura y viceversa. Es decir, si no se logra leer con fluidez, la escritura también estará limitada. 

En el caso de los niños más grandes se puede promover la escritura personal donde relaten historias creadas por ellos mismos, hacer ejercicios de dictado con diferentes niveles de velocidad y complejidad, estimularlos para que lean artículos de prensa acerca de temas que sean de su interés. En ocasiones se pueden emplear libros de caligrafía y ortografía sin que esto llegue a ser abrumador o aburrido. Finalmente, si ya cuentan con equipos electrónicos y escriben de forma incorrecta junto con abreviaciones que no se comprenden, es trabajo de los padres y docentes, corregir y aclarar la forma adecuada de escribir, aunque esto sea molesto para ellos».

La licenciada en Letras y traductora italiana, Patricia Heredia Pelaca, de Scripta Manent nos comenta sobre su importante experiencia en gestión de contenidos digitales:

"Con la democratización de los medios de comunicación, cualquier persona puede convertirse en un productor relevante de contenido, incluso sin tener una formación particular en ello. Y el valor está precisamente en que podemos leer textos de expertos en las áreas más variadas. Toda persona lo suficientemente afortunada para haber contado con una alfabetización funcional es posible escribir un buen texto. Lo importante es tener algo bueno que decir; lo demás es humildad y atención. Humildad para no querer construir estructuras barrocas ni usar palabras rebuscadas; atención para aprender de lo que lee y consultar diccionarios y referencias sobre lo que no vemos del todo bien."

Esto es suficiente para empezar, pero quien alcanza una influencia considerable tiene la responsabilidad de cuidar más sus textos. Un youtuber busca siempre mejorar los equipos con los que graba y, eventualmente, contrata a un editor profesional para aumentar la calidad de los videos que produce. Necesita que lo que quiere comunicar se vea y se oiga bien; es una responsabilidad que tiene con su audiencia. Un bloguero tiene la misma responsabilidad. Si su área de experticia es, digamos, la cocina, no tiene por qué hacerse experto en escritura, pero sí está obligado a darle a su audiencia contenidos bien escritos. Un corrector es tan necesario que hasta los correctores necesitan uno.

En el ámbito empresarial, las comunicaciones cuidadas son una obligación fundacional. Es posible que la mayor parte de la audiencia de una marca no note de forma consciente errores ortográficos o gramaticales en sus comunicaciones, pero la efectividad de estas se va a ver afectada inevitablemente. Más aún, aquellos que sí lo noten, van a recibir un único mensaje: falta de calidad. Eso es lo último que cualquier persona puede querer para su negocio. Hoy en día tenemos claro que la publicidad es fundamental para el éxito de un negocio. La inversión que hagamos en ella debe contemplar el cuidado de la palabra.

El regreso del mundo a los libros pasa por el regreso de los libros al mundo. Durante décadas, la industria editorial y la academia han vivido en negación de lo que sucede afuera: la tecnología avanza, las formas de consumir información cambian y la capacidad espontánea del ser humano de sentarse frente a un objeto inanimado durante horas a descifrar lo que un individuo que vivió hace tres siglos quiso decir desaparece casi por completo. 

Esto no es una oda a la abolición o simplificación de los clásicos o de los textos complejos, pero sí un llamado de atención a crear puertas de entrada más accesibles (por actuales, y no por simples) al mundo de las ideas y de la palabra escrita. Las redes sociales y los videojuegos, por mencionar dos ejemplos evidentes, son plataformas tan válidas como un libro para contar historias conmovedoras o desarrollar ideas complejas, si se hace con la misma atención con la que se editaría una colección de ensayos. Las personas que nos movemos en el mundo de los libros debemos ser capaces de extender nuestro campo de acción a otros territorios para demostrar que los libros tienen que ver con todo, aun en el siglo XXI.

Otra forma es llevar el mundo exterior a los libros sin diseccionarlo y juzgarlo como un fenómeno maligno, sino dialogando con él. En esto, el italiano Alessandro Baricco es un maestro. En 2006, lo hizo con Los bárbaros, y repitió la magia hace poco más de un año con The Game, que toca prácticamente todos los temas tecnológicos desde el punto de vista cultural. El libro fue tan eficaz que generó un libro respuesta: The Game Unplugged, en el que participan varias personalidades del mundo del internet. Un diálogo es posible, porque los libros y el mundo digital no son cosas diferentes, sino estadios evolutivos de lo mismo: artefactos culturales.

Sí podemos cambiar, creo que sí es posible corregir a alguien sin generar incomodidad. Todo está en los modos, en no hacerlo con la soberbia del que cree que sabe más, sino con la empatía del que puede ayudar a mejorar porque sabe un poco más sobre ese asunto en particular. Es más sencillo, por supuesto, cuando se es un profesional del área. Nadie se ofendería por que un médico le corrigiera una concepción errada en temas de salud. Además, siempre se puede agregar una explicación que demuestre que se trata de un error común o comprensible. Cuando no se es un profesional, también se puede corregir amablemente. Basta con decir «creo que es así», dejando abierta la puerta para que la persona investigue y llegue a sus propias conclusiones, o explicar dónde se aprendió eso para estar tan seguro. Con frecuencia, los errores que notamos en los demás son errores que cometíamos nosotros mismos. Una buena anécdota al respecto debería ser suficiente para disipar cualquier posible resentimiento».

Lo que leemos, lo recordamos, lo que escribimos lo reforzamos y lo que practicamos, lo aprendemos. Tenemos espectaculares idiomas, seamos buenos embajadores en su uso.