Estoy seguro que todos coinciden en el hecho que el año 2020 marca un hito en el recorrido de la humanidad.

Nuestra historia moderna se divide en antes y después del COVID-19.

A partir de la pandemia mundial muchas cosas han cambiado y otro tanto cambiará en la época venidera. En el ámbito de la salud, del comercio, de las relaciones sociales, de la educación, entre otros, notamos variaciones importantes.

Se han adoptado por estricta e inminente necesidad, en nuestra vida cotidiana, modalidades y prácticas desconocidas o al menos hasta ahora no aceptadas plenamente por la sociedad.

Pero algunas de ellas, al parecer, se quedarán y más bien se volverán cada vez más comunes. Increíblemente parece que algunos cambios generados a partir del COVID-19 son favorables.

A ésta tendencia de cambio no escapa el mundo laboral. Un sector fundamental en el ámbito de la humanidad. Elemento motriz de la productividad y del progreso de las naciones.

De hecho, se ven cambios que probablemente constituirán la nueva normalidad, aun cuando cese la necesidad que les dio origen.

EL TELETRABAJO.

A raíz del COVID-19 las empresas mandaron su personal a trabajar desde casa. Se acuñó el término de “teletrabajo”. Oficinas cerradas y vacías. Las postaciones de trabajo se trasladaron a los hogares. Las labores continuaron a un nuevo ritmo y a distancia.

Se instauró un mayor em

pleo de tecnología. Se requirió el uso de wifi de banda ancha mas intenso y plataformas como ZOOM registraron un abrumador incremento de usuarios.

Reuniones laborales, conferencias, capacitaciones, se empezaron a ejecutar a través de un PC desde la sala o el comedor de millones de viviendas.

Las empresas están descentralizadas y se expandieron territorialmente. La sede, la oficina tradicional, de un día para otro se “clausuró”.

Grandes corporaciones se dieron cuenta que no necesitan reunir todo su personal en una oficina, en un mismo espacio físico, para cumplir con sus labores.

Google y Facebook, por ejemplo, establecieron que la totalidad de su personal trabajará desde casa, hasta adentrado el año 2021.

Aquí en Panamá, como en muchos otros países, la mayoría del personal ejecutivo de bancos, de otras entidades financieras y aseguradoras, de órganos del Estado, de em

presas prestadoras de servicios públicos, sólo por citar los más grandes empleadores, están operando por “teletrabajo”.

HABRÁN EFECTOS COLATERALES?

Muchos trabajos resultaron ser posibles a distancia, con solo tener un PC y una conexión de internet. Y aquí es donde cabe plantearse entonces algunas inquietantes preguntas:

Será posible que esas grandes, costosas y a veces monumentales oficinas de un día para otro ya no sean necesarias o al menos indispensables?

Es lógico pensar que esto produzca un gran viraje en el mundo inmobiliario? Disminuirá drásticamente la construcción de edificios para oficinas y de micro apartamentos en grandes ciudades?

Se incrementará en lugar la construcción de viviendas más cómodas, en poblaciones periféricas? Viviendas que probablemente contemplen un espacio “privado” para el trabajo a realizarse desde casa?

AL PARECER HAY VENTAJAS.

En ciudades como New York, se p

rodujo un éxodo masivo a raíz del COVID-19. Las personas escapando del riesgo de contagio se mudaron a sus casas de periferia.

Allí se dieron cuenta que podían seguir trabajando, a distancia. Además, que podían hacerlo en forma más cómoda, manteniéndose más cerca de sus familias y llevando una vida más sana y tranquila.

Ello comportó ventajas inmediatas, como un notable ahorro en pagos de alquileres muy costosos en la gran ciudad. Escapar del agotador tráfico diario. Evitar la polución de una ciudad sobrepoblada. En fin un menor stress laboral.

Esto nos hace pensar que en el futuro, sin la necesidad inminente de tener que acudir a una oficina, muchas personas podrán dejar las grandes ciudades. Migrar al campo, a playas, a pequeñas localidades más tranquilas, a vivir en espacios más cómodos. Desde allí, sin embargo, pueden seguir prestando su labor.

Las grandes ciudades también cambiarán, registrarán un menor número de residentes y por ende, para los que decidirán quedarse, ofrecerán mejores condiciones de calidad ambiental y un nivel de vida más humano.

EL RECURSO HUMANO A LA MANO.

El no tener que estar presente en una oficina, comporta beneficios, hasta ahora impensables, a nivel de capital humano. Imaginemos tan solo que una compañía puede acceder fácilmente a un talento o a un experto que se halle en cualquier parte del mundo.

El recurso humano especializado, requerido en un determinado momento y para algunas labores, podrá provenir de países lejanos.

Así, sin la necesidad de que ese elemento tenga que migrar, tramitar alguna visa o permiso de trabajo, o viajar a través del mundo para estar físicamente presente en la sede laboral.

Su prestación profesional será ofrecida a la empresa a distancia, con el mismo resultado y efectividad y seguramente con menos costos.

NUEVA DISCIPLINA LABORAL.

A pesar de las ventajas enumeradas, hay un aspecto que no deberá descuidarse y es  indispensable tomar en cuenta en ésta nueva realidad.

El trabajo traspasará los límites de nuestro hogar. Nuestra vida familiar cotidiana y nuestra labor convivirán bajo el mismo techo.

Habrá que aprender a lidiar de forma más responsable con nuestras obligaciones y las posibles tensiones o dificultades laborales, las cuales no podremos dejar detrás de una puerta al salir de la oficina.

Es posible que pronto el COVID-19 desaparezca, pero sus efectos o consecuencias en el ámbito laboral, al parecer quedarán para siempre.

El virus es sin duda una gran tragedia, pero en algunos aspectos ha cambiado nuestras vidas de forma probablemente positiva. Y así parece ser en el ámbito laboral.