Julio nos ha dado una nueva oportunidad de aceptar el cambio, de mirar atrás agradecidos y aceptar este nuevo presente.
En más de 120 días de confinamiento nos hemos redescubierto, la creatividad en su máximo esplendor, iniciativas solidarias, nuevas canciones de grandes artistas, conciertos y lecturas compartidas, en casa los retractores de la cocina salieron del closet y se convirtieron en chef, algunos iniciaron y otros retomaron el cuidado personal realizando actividad física. Consultamos on line con especialistas, homeschool para los niños de la casa. Convertimos espacios olvidados en oficinas de trabajo. 

Contactamos a viejos amigos. Extrañamos a los que están lejos y no sabemos cuando volveremos a ver. Hemos armado y desarmado rutinas diarias para esquivar al aburrimiento.
Los amantes de los viajes debieron aceptar la cotidianeidad de mantenerse en un mismo lugar por el momento, para cuidarse y cuidar. Muchas veces nos sentimos en una película de tintes tragicómicos con las aventuras de la convivencia.

Pero a todo se le debe buscar un lado bueno, incluso a las pandemias. Estamos siendo testigos de numerosos actos de bondad que se han podido ver a través de las redes sociales. Generosidad que va desde los médicos, que hacen horas de más tratando de frenar la enfermedad, hasta los vecinos, donde muchas veces los más jóvenes se ofrecen a hacer la compra a los mayores. Mucha unión ciudadana, confeccionando mascarillas, muchos voluntarios llevando bolsas de comidas a los más necesitados, muchos donando recursos y tiempo. Hemos reconocido la fragilidad de las circunstancias ajenas eso nos hace más humanos sigamos practicando la empatía y la solidaridad. 

Cuando salgamos de esta coyuntura tan compleja podremos decidir si seguir el mismo camino o usar esta experiencia para tomar determinaciones diferentes con vistas al futuro. Nuestras correctas decisiones podrían ser el mejor homenaje a las víctimas de esta crisis.
Mantengamos las esperanzas que juntos podemos escribir un final feliz.