Un entorno donde el mundo de la moda, las pasarelas y la euforia de la creación de moda no estaban presentes; pero Enrico se encamino’ espontáneamente en esa dirección estudiando la Academia de Bellas Artes, y emprendió el camino de la creatividad al máximo, del color, los tejidos y la extravagancia.

Desde niño en la década de los 70 en Florencia estaba al acecho durante horas todos los días en el Palazzo Strozzi, uno de los palacios más bellos del Renacimiento italiano donde siempre se han realizado importantes actividades culturales, convenciones, conferencias y por supuesto desfiles de moda.

Fascinado por esas idas y venidas, por ese mundo de luces de actividad frenética, estaba dispuesto a hacer cualquier cosa y termina siendo modelo, para luego convertirse en bailarin y extra. Completamente intoxicado por esa pasión se deja llevar por el fervor de su imaginación y comienza a crear su primera colección para una empresa de prendas de punto. En 1978 se catapultó a París con el primer pret a porter femenino, una fiesta de lentejuelas tan vivaz como para la que el diario Le Figaro dijera que para Coveri las lentejuelas eran lo que las cadenas eran para Chanel, por tanto, una insignia muy definida.

Otro ënfant prodige”del "made in Italy" que crea un universo de vivacidad desde cero a través de colores brillantes combinados de una manera desafiante; las lentejuelas serán su símbolo icónico y característico que lo hará inconfundible en el mundo de la moda.

En los modelos de Enrico Coveri hay una energía que vibra constantemente en un torbellino de movimiento que da fluidez a los modelos más rígidos de los desfiles de moda europeos, con especial atención al refinamiento y al detalle pero también mucho por la precisión en la manufactura de cada prenda elaborada.

En 1979 inició la línea masculina, en 1982 se hizo cargo de la línea infantil para los menores de 14 años y en 1983 incluyo’ los recién nacidos al ciclón Coveri; como guinda del pastel lanza el primer perfume "Paillettes", un festín de fragancias que van desde la bergamota, la grosella negra hasta el jazmín, el ámbar, el clavo de olor y muchos otros elementos que le confieren una personalidad inconfundible.

Coveri solía decir que su moda era para mujeres que querían vivir con entusiasmo y libertad, con alegría y atrevimiento, cubiertas de lentejuelas y colores sin el miedo ni la rigidez de la moda clásica ni el esnobismo de la respetabilidad.

Su estilo siempre se ha basado en la transgresión, en la ironía de las formas, lazos y volantes, incursionando en un vasto campo de la moda como las pieles, muebles, complementos, lencería, mochilas, todo muy reconocible por las combinaciones de colores, amarillo, rojo, fucsia, dos tipos de morados siempre con un guiño lleno de vida.

Caminó por las pasarelas de Japón donde encontró un enorme éxito para trasladarse a las de Londres, Munich, Estados Unidos y siempre rodeado de personajes famosos como Joan Collins, Elizabeth Taylor, Marta Marzotto y su fan especial como Andy Warhol que lo retrató con su estilo típico y con los colores que identificaban debidamente a Coveri.

Su vida se vio interrumpida a muy temprana edad si tenemos en cuenta que 38 años son la mitad de una vida normal, pero vivida en plenitud, recogiendo un inmenso y arrollador éxito, fortuna económica, fama y satisfacción total, la vida que soñó y que logró obtener en poco tiempo para luego despedirse silenciosamente con el proyecto de la próxima colección en su escritorio.

En los años 90 su imperio quedó en las sabias manos de su hermana Silvana flanqueada por su hijo Francesco Martini quienes continúan con la tradicional euforia de colores y transgresión que nació del espíritu libre y excéntrico de Enrico Coveri su verdadero creador, el verdadero espíritu del baile.

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