Los modelos más extravagantes y excéntricos llevan cosida la marca Moschino. Un número infinito de modelos coloridos y divertidos que han hecho y siguen haciendo un estilo particular y difícil de imitar.
Franco Moschino nació en Abbiategrasso, en Lombardía, en 1950; desde niño pasaba muchas horas libres de la escuela y de los deberes, en el taller de fundición de hierro de su padre, donde le gustaba dibujar en las paredes llenas de polvo, dejando clara su pasión por el arte y no por la herencia de su padre.
Se fue a Milán donde estudió en la Academia de Bellas Artes pensando en convertirse en pintor y de hecho se dedicó a pintar sus telas ya con gran creatividad; para ayudarse en sus estudios se convirtió en ilustrador de moda independiente para varias revistas y marcas como Blumarine, Cadette, para la que diseñó durante cinco años, o Maska. Pero finalmente comprendió muy pronto que su verdadera pasión era el diseño de moda, de accesorios que no estaban lejos de ser otra forma de expresión artística y así pasó de los lienzos y pinceles a la creación de modelos femeninos.
Se convirtió en diseñador de Versace en 1971, tan pronto como se graduó de la Academia y trabajó con ellos durante seis años, hasta que en 1983 creó su propia empresa y marca Moonshadow, con la que lanzó su primera línea Moschino Couture, un desfile de moda que tuvo lugar en la famosa Feria de Milán y al mismo tiempo inició una campaña publicitaria llamada "Stop the fashion system", que abrió una ola de comentarios y opiniones sobre la ironía de sus modelos y sobre todo sobre su posición anti-sistema, formando parte plenamente de ella; Utilizó los logotipos de Chanel y Louis Vuitton para burlarse de la pesadez de los adornos y de las complicadas estructuras cuando creía más en la sencillez del estilo y la mano de obra; se le conocía como el Jean Paul Gautier italiano, el "enfant terrible" de la moda italiana, por la extravagancia de sus prendas, siendo la diferencia entre ambos que el primero disfrutaba creando disonancias con las formas y los tejidos, mientras que Moschino lo hacía con las técnicas y formas tradicionales.
Moschino dejó claro desde el principio que no quería utilizar la moda para lavar el cerebro a las llamadas "víctimas de la moda", es decir, las víctimas de la moda que no conciben nada más que seguir ciegamente los dictados de los diseñadores, que a su vez crean preconceptos que se extienden a los valores personales y de vida de quienes los siguen, transformándolos en seres sin su propio juicio y sobre todo sin más respeto por la autenticidad y la simplicidad del mundo y esto ocurría en un momento de la historia en el que la moda se estaba haciendo más popular y presente en las calles, captando así la atención de una gran mayoría del público informal.
Hizo declaraciones como "el buen gusto no existe" o "la moda es fascismo y mata a la gente", tal vez fue un poco extremo pero sin duda su mensaje quiso ser un despertar para la gente que se sometió incondicionalmente a las leyes de la moda sin criticar nunca sus formas o intenciones; en el New York Magazine declaró que "como diseñador tengo el deber de convencerte de que te cortes el pelo, de que compres otras gafas. Eres una criatura de la moda, una marioneta, no tú mismo".
Sus primeros diseños fueron una explosión de prendas divertidas e irreverentes, llenas de diseños como lunares de Minnie Mouse, tenedores y cuchillos colocados como adornos en los esmóquines o botones con forma de grifos o molinos de viento, dobladillos de faldas decorados con huevos fritos de plástico, Los corpiños hechos de pernos, los tapones de botellas en las chaquetas, fueron sin duda elementos sorprendentes que convirtieron sus colecciones casi en objetos de arte muy codiciados, pero sobre todo para un público con una gran dosis de sarcasmo, humor y un sentido caricaturesco de la vida.
En 1986 lanzó su primera línea de moda masculina y la primera línea de perfumes Moschino y Cheap & Chic, iniciando un desarrollo cuesta abajo que lo llevó a ser una de las marcas más solicitadas.
Franco Moschino no sólo se dedicó a la moda, lo que le valió más de un reconocimiento como diseñador e innovador en este campo, sino que también fue un gran filántropo, dejando gran parte de sus ganancias a asociaciones caritativas, pacifistas o ecológicas, insistiendo en el concepto de respeto a la naturaleza y a la vida. En consecuencia, poco antes de su muerte presentó su última línea llamada Ecouture, hecha sólo de materiales naturales y ecológicos. Rechazó categóricamente el uso de la piel y la reemplazó por piel falsa y cuero artificial; creó una campaña llamada ¡Sonríe! campaña en beneficio de los niños con SIDA, enfermedad de la que murió en 1994, dejando la dirección artística en manos de Jeremy Scott, heredero del imperio Moschino.
Una vez más la creatividad italiana ha sido capaz de abrir diferentes fronteras en el mundo de la moda y la belleza, aunque la de Moschino ha sido y sigue siendo un tipo de creatividad mucho más transgresora que la políticamente correcta, pero siempre una voz de diversidad y de denuncia a la vez que no todos tienen el valor de emprender.