La identidad nacional italiana tiene como elemento distintivo la diversidad, que se debe ver en su pluralidad. La identidad de la diversidad constituye el carácter específico de la sociedad italiana y, en consecuencia, también de la vida material y el "gusto de los italianos", que nos distingue en el mundo. La cocina es uno de ellos.

La cocina italiana es, sin duda, una de las más conocidas, apreciadas y consumidas en todo el mundo y los restaurantes que la ofrecen en el extranjero se encuentran entre los más numerosos, incluso si a menudo han perdido lazos con la tierra de origen y los platos, de en consecuencia, han asumido una deriva local, con modificaciones que a veces son hasta cómicas.

Las recetas más famosas, en Italia, han sido escritas por madres y abuelas, no por grandes chefs, y esto la hace una cocina casera, que es fácilmente reproducible.

Se dice que la cocina es el espejo del país y la cultura de este país. Nada más cierto si nos referimos a Italia. La cocina italiana se ha desarrollado a lo largo de los siglos, desde las antigüedades romanas, con influencias griegas, árabes, bizantinas y del nuevo mundo.

El factor que más ha influido es el histórico: la tumultuosa historia de nuestro país, compuesta por invasiones continuas y una gran fragmentación en estados y pequeños estados, ha determinado una gran variedad cultural que ha influido en gran medida en la cocina típica de cada territorio.

Sin embargo, hasta poco antes del final del del siglo XIX, la cocina italiana no existía. No todo el mundo sabe, de hecho, que la cocina italiana es un verdadero artificio, un invento histórico, porque la verdadera cocina italiana ha sido, desde siempre, local, con una connotación regional.

Hoy, la celebran, la aprecian, la consumen en todo el mundo y se habla de estilo culinario italiano como si fuera algo único y compacto. Pero la cocina italiana revela siempre y en todas partes sus orígenes locales y regionales. Muchos platos han mantenido su origen en el nombre: “alla veneta”, “alla piemontese”, “alla siciliana”, “alla romana”, “alla bolognese”, justo para identificar su origen.

La cocina italiana es una cocina simple, muchos platos tienen menos de cinco ingredientes, pero también es una cocina equilibrada, cuya fuerza radica en la calidad de los productos, más que en la cantidad de ellos.

La simplicidad deriva de las orígenes predominantemente pobres y campesinos de una gran parte de la población, ya que Italia era sobre todo un país de campesinos que usaban los frutos de sus cultivos para sus platos. Los 

tiempos de cocción, las combinaciones, la mesa bien puesta, pero sobre todo el placer de estar juntos y comunicarse eran fundamentales.

La identidad alimentaria, como las demás, no es genética, sino que se construye a lo largo de la historia, en el encuentro y el diálogo entre hombres, experiencias y culturas diferentes.

Hay muchos alimentos que hoy forman parte de nuestra herencia culinaria: las papas, el maíz y los tomates son solo algunos ejemplos de los productos, no originarios de nuestro territorio, pero ahora indispensables para nosotros. (Ver mi artículo sobre Cocina Fusion).

Finalmente, quería enfatizar que las reglas alimentarias de nuestra dieta mediterránea, que está en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, se basan en los platos típicos de la tradición culinaria italiana.

Buon Appetito a tutti.