Tiempo de coronavirus es tiempo de restricciones y prohibiciones, medidas obligatorias para ganar una guerra deseada por nadie, pero también tiempos de querer encontrar de alguna manera la capacidad y la forma de avanzar. Aquí está la fantasía de los italianos brillar con toda su luz como precursores de todas las naciones del mundo occidental que fluyen en grupos de chat virtuales para compartir un aperitivo, lejos sí, pero junto a sus amigos que pasan por discotecas no virtuales, sino más bien desarrolladas de balcón a balcón donde un DJ hace bailar y cantar a quien quiera unirse también a través de Instagram y, sobre todo, a través de redes sociales, prácticamente todos los grandes de la música, para hacer cantar a quien quiera con un simple clic y los grandes del cine que cuentan poemas y ayudan, con su presencia, incluso aquellos que siguen a #restiamoacasa quizás no puedan hacerlo con su familia.



El lado culinario también está teniendo una gran cantidad de espacio (como todos sabemos, los italianos son todos cocineros), y una larga, muy larga serie de videos y fotos sobre cómo preparar todo tipo de postres, platos simples, o verdaderos y propios platos de alta cocina, todo en nombre del entretenimiento porque tenemos que quedarnos en casa. ​



Gran imaginación también está alimentando a todas aquellas personas que practican deportes por placer o trabajo; aquí está, con un simple clic, tu amigo o entrenador personal con más de 50K seguidores te permiten hacer ejercicios remotos en nombre del bienestar físico y mental.



También nacen flash mobs, organizados con tiempo y día y, a través del balcón, como una gran comunidad para unirse para cantar, golpear cucharones y tapas o simplemente gritar que todo estará bien.



Tarde o temprano, todo esto terminará y la vida de las personas volverá a ser la misma de antes pero seguramente esta experiencia, desafortunadamente forzada, está haciendo que toda la población redescubra el valor de los contactos humanos y toda esa vida social que a veces se da por sentado al hacerlos perder, con superficialidad, todo su valor intrínseco.