Durante el verano, la recuperación de la actividad en Europa e Italia fue más amplia de lo previsto, lo que puso de relieve la resistencia de la economía y la eficacia de las medidas de apoyo monetario, presupuestario y de supervisión. Sin embargo, los riesgos para la estabilidad financiera derivados del marco macroeconómico aumentaron de nuevo al empeorar la pandemia; esta situación afecta a las perspectivas de crecimiento, cuyo desarrollo dependerá de la eficacia y la determinación de las intervenciones de política económica.

Así se afirma en el Informe de Estabilidad Financiera publicado el 20 de noviembre por Bankitalia, según el cual en Italia, como en los demás países de la Unión Europea, las condiciones de los mercados financieros han mejorado notablemente, con el retorno casi completo a las tensiones que surgieron en la primavera.

Este desempeño se ha beneficiado en particular de los efectos del Programa de Compras de Emergencia para Pandemias (PEPP) y de la mejora de las expectativas tras el acuerdo del Consejo Europeo sobre el programa de la UE de la próxima generación: este último permitirá prestar un apoyo decisivo a las economías explotando el presupuesto y la capacidad de préstamo de la Unión. También en vista del carácter temporal de las medidas fiscales expansionistas, la deuda pública de Italia sigue siendo sostenible; sin embargo, su persistencia en niveles elevados puede dar lugar a riesgos de tensiones en los mercados financieros o a nuevas perturbaciones macroeconómicas en el futuro. Es posible seguir una senda de reducción si se garantiza una combinación de condiciones de financiación relajadas, medidas eficaces de fomento del crecimiento y un ajuste fiscal gradual compatible con el marco macroeconómico.

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