Se han acelerado procesos, tecnologías, nos ha mostrado nuevas formas de hacer las cosas, nos ha enseñado – a la mala – a tratar bien el medioambiente, nos ha unido a nuestras familias cercanas, pero nos ha apartado de nuestros amigos, el miedo a una enfermedad desconocida nos ha forzado a aprender de ella rápidamente, ha cambiado el mundo rápidamente.

Ya veníamos apreciando la nueva forma de trabajar de los jóvenes de generaciones X, Y, y Z, más que nada debido a la cantidad de tecnología a la que estos han estado expuestos a través de los años. Son muchachos que prácticamente han nacido con un teléfono celular y una laptop debajo del brazo, y que no le tienen ningún tipo de miedo a la tecnología.

Para los que se mantienen todavía en otro siglo, los jóvenes de menos de 40 años ven la vida completamente distinta a como la vemos los mayores de 40 años, sobre todo si han tendido una exposición a las tendencias fuera de nuestro país, y especialmente en países desarrollados. Y es que estos jóvenes viven su vida de otra manera. Mientras que muchos de nosotros vivimos para trabajar, la inmensa mayoría de los jóvenes trabajan lo necesario para vivirla a plenitud.

Los antiguos workaholics han pasado de moda, y nos encontramos con una generación que trabaja lo necesario para vivir como ellos quieren vivir. Esto quiere decir que prefieren hacer las cosas cuando ellos quieren y no cuando otros quieran. No ven televisión, de hecho, no compran televisiones para este propósito, sino como monitores para sus computadores personales (en algunos casos) o le añaden un Chromecast o un Fire TV Stick para poder ver en la TV cualquier opción de stream que deseen ver de su laptop, Android o iPhone, o Tablet. Si quieren ver algo, lo ven cuando quieren verlo, de allí a que todos los negocios de películas y series por stream, sean los favoritos de los muchachos, que no conectan cable, pero si requieren de un buen servicio de wifi para todos sus equipos.

De la misma manera prefieren trabajar donde quieran hacerlo, y no confinados en una oficina, y si es en una oficina, las oficinas abiertas funcionan mucho mejor, y entre más informales mejor. Y qué decir del modo de vestir, los jeans y las zapatillas dominan su etiqueta, versus la formalidad de los mayores.

No les interesa trabajar más de 5 años en un mismo lugar, son más arriesgados a hacer nuevos emprendimientos; no van a vivir de quincena en quincena, sino que van a buscar sus ingresos como los tengan que buscar. Van a vivir más la vida, pero al mismo tiempo la tecnología los mantendrá pendientes de su trabajo.

Ahora, nada de esto es relativamente malo, al contrario, solo demuestra el cambio de generaciones, cambios en los gustos, cambio, en fin. Estas son nuevas maneras de hacer las cosas, distintas a lo que estamos acostumbrados los mayores, pero que no quiere decir que los muchachos estén equivocados.

De allí a que nazca una nueva economía, lo que antes decíamos que era un “camarón”, estos muchachos van a vivir como emprendedores toda su vida, ya que trabajan en sus horarios, como quieran, donde quieran, y no tienen que estar bajo las órdenes de nadie.

Esto es lo que los gringos llaman ahora el “Gig Economy”. Los músicos llaman al gig como un “guiso”, pero los otros tipos de profesionales lo ven como un trabajo que se hace para un cliente y listo. Los artistas plásticos los llaman una “comisión”, y como les dije antes, aquí en Panamá lo mirábamos muy despectivamente como un “camarón”.

¿Esta nueva economía es mala? La verdad que no. El tema aquí es que todos los involucrados en la misma, como independientes, entiendan que tienen que contribuir realmente a la economía del respectivo país donde se encuentren, pagando los impuestos, es decir, formalizándose. De allí a que sea necesario que el estado entienda esto también, haciendo muy fácil que todo el mundo se formalice, ya sea que seas un profesional y tengas tus “gigs”, o que seas un verdadero informal de las calles.

He escuchado a mucha gente preocupada por la migración de “trabajadores” a las filas del emprendimiento. Esta nueva tendencia, obviamente empujada por la pandemia y sus cuarentenas, le abrió los ojos a mucha gente de diferentes edades, en lo que podían hacer, y el poder del emprendimiento. Me gusta mucho esta tendencia.

Otra tendencia provocada por la pandemia es que mucha gente que estaba en la calle como informal, ha entrado en el negocio del delivery, ya sea trabajando para alguna aplicación, u ofreciendo sus servicios a alguna empresa o trabajando directamente para ella. Este cambio en la forma de “vender” un producto, dio como resultado el nacimiento de esta nueva profesión que tiene mucho futuro, por un lado, y sus retornos económicos no son nada malos.

Los vendedores de la calle se reinventaron también, y además de vender alimentos, ahora tenemos muchos de ellos vendiendo los artículos del momento – mascarillas, protectores faciales, gel alcoholado, alcohol, desinfectantes, wipes con desinfectante, es decir, todo lo que tenga que ver con la protección individual o grupal en tiempos de pandemia.

La venta como la conocíamos anteriormente va a cambiar radicalmente. De hecho, ya cambió. No hay necesidad de tener un local para vender, tampoco debemos tener vendedores presenciales para vender, y mucho menos tenemos que poner a viajar a los vendedores para vender. El panorama de la venta al por menor y mayor ha cambiado radicalmente, y sobre todo en la distribución donde los márgenes son relativamente bajos, esto puede hacer que muchas distribuidoras, si hacen bien la tarea, pueden hacer dinero ahora.

Y las reuniones no tienen que ser presenciales tampoco, haciendo que el tiempo de los ejecutivos y vendedores se pueda utilizar más eficientemente. Ahora, podemos hacer reuniones con todo el equipo desde sus respectivas oficinas, sin que tengan que viajar de un lado para otro, y hasta reunirse internacionalmente de una manera más eficiente y económica.

Hasta las convenciones de ventas se pueden hacer de forma virtual, gastando muchísimo menos de lo que antes se gastaba en este tipo de eventos, y, aún así, tener eventos interesantes, educativos y hasta divertidos, planificados por profesionales que han salido a dominar los eventos virtuales (hasta cumpleaños virtuales se hacen).

Las nuevas generaciones tienen una forma completamente diferente de ver la vida. Su manera de trabajar y de vivir es completamente distinta a la de los mayores de 40 años. De allí a que las empresas deban considerar adaptarse a estas nuevas exigencias de los trabajadores, especialmente de aquellos trabajadores del conocimiento. Aunado a estos cambios generacionales, nos hemos encontrado con una pandemia que ha acelerado mucho más las cosas, por lo que el tiempo de adaptación prácticamente acabó, y las empresas tienen que estar claras en esto.

Estos jóvenes profesionales, lo más probable es que no les importe la suerte del seguro social, ya que ellos mismos harán su propio plan de jubilación, seguirán estudiando y aprendiendo cosas nuevas durante toda su vida laboral, inventaran nuevas cosas, serán super emprendedores, y ¡no les interesa un trabajo de 8 a.m. a 5 p.m. y menos 1 hora de almuerzo!

De ahora en adelante nos encontraremos con independientes que harán trabajos para las empresas, pero que no dependerán de las mismas para la sobrevivencia de este nuevo tipo de trabajador. Este independiente deberá convertirse en un trabajador formal, para que los estados puedan contarlos, tomarlos en cuenta y satisfacer sus necesidades como parte de la economía, y los trabajadores deberán contribuir con su grano de arena para que las economías salgan adelante a través de sus impuestos. Las empresas deberán acostumbrarse a este tipo de “trabajador”, buscar nuevas alternativas, aprender a usar muchos más el outsourcing, pero el gobierno deberá legislar también para esto, ya que esos trabajadores de tiempo completo serán cosa del pasado en un abrir y cerrar de ojos.

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