No pocas cosas se han escrito, acerca del nuevo mundo que advendría, sobrepasada la actual pandemia. Una nueva era, en la que se estrecharían las relaciones sociales y las productivas, sobre la base de un nuevo modelo de Estado, en el que realmente, el individuo y la organización social, estén por encima de las distopias del capital o del llamado capitalismo salvaje.

El 2020 y su sorpresivo arranque, dejará para la historia futura, un sinfín de estadísticas, que contabilizarán no solo grandes grupos de víctimas sanitarias, entre contagiados y fallecidos, sino también victimas económicas, entre la mora y la insolvencia. 

En adición, las estadísticas, arrojarán cifras sobre el perjuicio económico que está causando la pandemia, al erario público. Y, aparte, dejará un incontable número de publicaciones en redes sociales, y en sitios digitales de información, describiendo el terror y dolor humano.

Sobre el futuro, se dibuja la esperanza, de un cambio en el individuo que se refleje a su vez, en la sociedad. Cambio derivado de las lecciones que deje el confinamiento. Rescatará el valor de los jurados de Hipócrates, y la heroica actuación de los cuerpos de salud y seguridad, servidores públicos y otros valientes cuyos nombres se conocerán. Se esperaría igualmente, que los asuntos del capital, pasen a un segundo plano, y que la solidaridad será el baluarte del nuevo orden.

Ahora bien, el Capital como sistema, se sirve de su principal instrumento que es el mercado, y hoy día, del hiperconsumo, como generador de dinero circulante y acumulable en el formato que sea.

Para reactivar la economía se necesita forzosamente activar el consumo de los individuos, pero sin dinero circulando lo suficiente ¿cómo se sale del hoyo? La forma más práctica de activar el consumo, es por medio del dinero líquido, el cual, deberá provenir por medio de deuda pública, ya que la mayoría de los sectores productivos y del mercado intermediario, así como servicios, están tremendamente afectados. 

Tocará entonces, al Estado, rescatar cada sector, crear modelos de auxilio, subvención o ayuda social y productiva, a la parte frágil del mercado -tanto empresas como a consumidores-, pero también a los “no” débiles del mercado, mediante profundos sacrificios fiscales, venta de bienes públicos y otras medidas.

El ciclo de la economía regional, debe mejorar de la mano de los Estado, lo que evidencia que el capitalismo en crisis o no, depende más del Estado de lo que enuncian sus postulados, para la generación de riquezas, por medio de deuda pública, con el fin de reactivar el consumo.

Ya el Banco Mundial ha advertido en su primer informe semestral 2020, para América Latina y Caribe, a propósito de la crisis del Covid-19, que quienes debe asumir las grandes pérdidas de esta pandemia serán los Estados, por tanto, ya el camino del capitalismo post pandemia, está zanjado, con muy pocas teorías.