Ángeles, mártires, confesores, vírgenes. Su origen proviene de la conmemoración de todos los mártires que desde el siglo IV se hizo en algunas iglesias particulares.

En el día dedicado a la Solemnidad de Todos los Santos, celebramos no sólo a los santos conocidos, sino también a todos aquellos santos anónimos que practicaron silenciosamente la plenitud del Evangelio en la vida cotidiana. Una fiesta que nos invita a la esperanza.

Como ángeles, con su número incalculable, los santos nos hacen pensar en una inmensa multitud, que nadie puede contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas (cf. Ap 7:9).