Tomamos wine, comemos food, hablamos de flat tax a jobs act, de spending review a premier, de mobbing a stalking de privacy a week-end, de droplet a lockdown, más y más términos ingleses han entrado en nuestro vocabulario hasta el punto de poner en peligro nuestro idioma. "Tenemos un complejo de inferioridad hacia al anglosajon". Una batalla que no debe ser subestimada porque "nuestro idioma es un bien común, que representa nuestra historia, nuestras raíces, lo que nos identifica y nos une".

En la vida cotidiana hablamos (itanglese) cada vez más con un vocabulario estrecho, hecho de pocas palabras; repetimos continuamente, casi obsesivamente, como muchos eslóganes de marketing, las mismas palabras y los mismos conceptos; abusamos de las metáforas (incluso muy triviales y sin sentido) y de las palabras anglosajonas, signo de un complejo de inferioridad también lingüístico. Hemos hecho de la mala palabra, incluso la más vulgar, un medio de comunicación frecuente, habitual y cotidiano.

El inglés económico y la funcionalidad se ha infiltrado y corrompido nuestro idioma nacional. Un acto extremo de salvaguarda debería conmover a los que hablamos el idioma de Dante, porque cada palabra perdida, reemplazada, derrotada por lo moderno que avanza es una campana de muerte que suena en la noche del mundo. Somos el idioma que hablamos, es un espejo y un producto milagroso de nuestra cultura e identidad histórica.

Con nuestra adhesión a la Unión Europea hemos renunciado a existir política y económicamente, rechazando a toda Italia como nación.

Italia está llena de saboteadores de nuestro idioma. Es necesario volver al italiano, defenderlo no sólo de los descarados términos angloamericanos, sino incluso de la jerga de la juventud. Los jóvenes y los muy jóvenes usan su propio lenguaje, pobre, cacofónico, lleno de siglas y expresiones prestadas de los videojuegos y la rede social.

Un lenguaje que sustituye las palabras (recordemos que el italiano tiene casi tres millones de palabras) por gruñidos, murmullos y abreviaturas (de la abreviatura "fra" de "hermano", hemos pasado a la abreviatura "bro" del inglés "brother", estamos a la anglosajona mutilada).

Sin un verdadero conocimiento del idioma nacional, sin conocer sus sonidos y armonías, no será posible que se sientan auténticamente italianos.

La degradación del idioma y la irresponsabilidad generalizada del comportamiento resultante pueden atribuirse a varias causas. Entre ellas, ciertamente no hay que culpar al grave declive que está afectando a las instituciones en las que siempre se ha basado nuestra sociedad civil.

En la escuela, en la familia, en la vida social, se descuida cada vez más el uso de un lenguaje apropiado y preciso, que basa su "ética comunicativa" en nuestra extraordinaria riqueza léxica.

El lenguaje actual, cada vez más escaso y aproximado, es con demasiada frecuencia violento, vulgar, agresivo. Se preocupa, en particular, de lo definido ( hate speech ), es decir, el lenguaje del odio que infecta la redes sociale, en la que muchos jóvenes se divergent, de forma cada vez más compulsiva.

La consecuencia de todo esto es que los jóvenes ya no saben escribir. Así lo confirman 600 profesores universitarios que han escrito una carta abierta a las instituciones pidiendo controles nacionales periódicos de gramática y escritura durante los ocho años del primer ciclo escolar.


No son menos importantes las preocupaciones que suscita el comportamiento de muchos medios de comunicación y de un determinado periódico impreso, de la televisión y de los periódicos y del mundo de la moda. Sin mencionar la degradación del lenguaje que ha afectado al mundo de la política.

Lo que los italianos debemos entender es que nuestro idioma es un valor de nuestra identidad y no debemos destruirla con léxicos mal pronunciados de anglicismo y la mayoría de las veces mal pronunciados con nuestro acento macarrónico (hagamos asap un meeting para afinar el tuning de el client service" ya no es mas conveniente y preciso decir "hagamos una reunión lo antes posible para afinar el servicio al cliente" ).

Nuestro idioma italiano siempre nos ha ayudado a expresar nuestra creatividad. Si nuestro tejido lingüístico es fuerte y sólido podemos aceptar algunos términos extranjeros, y no el exceso de términos extranjeros mal utilizados.

La simplificación excesiva, la contaminación léxica, la reducción a la oralidad, el rechazo de la belleza, han desfigurado nuestra visión del mundo, inaugurado la era de la fealdad y reducido nuestro paisaje de palabras en una zona venenosa y corroída.

Los italianos debemos ser fuertes y orgullosos de la propria identidad, y conscientes de nuestras raíces y no avergonzarnos de ellas.

Habla como comes

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