Cultura

Italia, cuna de la ciencia política

Niccolò di Bernardo dei Machiavelli (Florencia 1469-1527), conocido comúnmente como Nicolas de Maquiavelo -en español-, ha sido uno de los autores, que más contradicciones ha generado entre quienes analizan su legado.

Gino Osellame

9/29/2020 8:27:00 PM

Más de cuatrocientos ochenta años de historia, y de coyunturas políticas, que giran en torno al poder y las leyes -revoluciones, golpes de estado, absolutismo, liberalismo, democracia, dictaduras, comunismo, y entre otros, lucha por derechos civiles-, han lanzado al autor de El Príncipe, al rincón de aquellos pensadores despiadados que, los actuales sistemas de gobierno prefieren desterrar.

Desde Voltaire (Siglo XVIII), quien colaboró a confabular, el pensamiento antimaquiavelo, pasando por Maurice Joly (Siglo XIX), en su “Dialogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu”, retratan a un Maquiavelo, incauto, imprudente y falto de contenido que apegado a los placeres del poder, casi como un mercenario que ayuda a organizar el pensamiento del poder absoluto de gobierno. Sin duda, esta última obra, no refleja el tamaño del pensamiento del florentino.

En su defensa, Jean-Jacques Rousseau, no titubeó según sus biógrafos en mencionar, que Maquiavelo, fue el más grande de todos los republicanos. Siendo este unos los primeros pensadores, que, en vez de juzgar al autor, encontró la evidencia de que, a través, de las líneas de El Príncipe, se podían desatar los hilos que hilvanaban al absolutismo.

Por su parte, Friedrich Nietzche, este connotado filósofo alemán, harto crítico de todo en cuanto a filosofía se haya escrito, en su época, y siendo crítico del idealismo, la ética, la moral y la religión, en su obra “más allá del bien y del mal”, elogia sin cortapisas y amablemente, la redacción, elocuencia y el arte de escribir sobre algo tan complejo como el ejercicio del poder político, de una forma tan sutil, hacerlo para simbolizar todo lo contrario. Elogiar a Maquiavelo, es elogiar el arte de la retórica italiana, heredera del romanismo, que como reconoce el mismo Nietzche, de su natal lengua germana, jamás permitiría una redacción como la del florentino.

Nicolás Maquiavelo, es para la ciencia política moderna, su progenitor, la bujía que encendió la llama del pensamiento político autónomo, y para la filosofía fue aquel pensador, que por medio de las letras reveló una verdad. Esa verdad fue la definición del imperio de leyes y de la función moderna del Estado, como medios de acceder al poder político y detentarlo.

Las leyes no son para Maquiavelo, el reflejo de la voluntad popular, sino un instrumento de poder político del Estado, sobre los gobernados, y el anclaje de un sistema de gobierno, sea despótico o el más distintivo de la república. ¿Alguna diferencia con nuestros sistemas de gobierno actuales?

El equilibrio de las cargas en el gobernar, se logra con una sociedad que se se empodere de sus derechos, y la mejor forma, es conociendo las entrañas del poder, la justificación del mismo, y sus objetivos. Como conglomerado social, no se tiene un derrotero claro, si no comprendemos las dicotomías del poder, y El Príncipe, más que un manual, para dictadores, como se le ha denominado, es una radiografía que permite ver a través de ella, todo lo que está oculto en la política contemporánea.