Treinta y un años después tenemos la tarea de recordar la caída del Muro de Berlín, que fue el símbolo de la Guerra Fría y de los momentos de gran tensión entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. El 9 de noviembre de 1989, a las horas 07:00 pm, unos miles de berlineses orientales salieron a la calle y cruzaron la frontera hacia Berlín Occidental, tras el anuncio de Günter Schabowski, portavoz y Ministro de Propaganda de Alemania Oriental, de que a partir de ese día ya no se requerían pasaportes ni visados para cruzar el Muro. Toda la ciudad estaba en una vorágine de alegría, en el bulevar del Kurfürstendamm durante varios días dominaba una atmósfera festiva. Después de más de 28 años, el Muro ya no era aterrador.

“Nadie tiene ninguna intención de construir un muro”, estas fueron las proverbiales palabras pronunciadas por Walter Ulbricht, Presidente del Consejo de Estado de la República Democrática Alemana (RDA), en una conferencia de prensa el 15 de junio de 1961, sólo dos meses después de esa conferencia, en la noche del 12 al 13 de agosto, el régimen comunista comenzó a construir una barrera que separaría física e ideológicamente a la ciudad de Berlín durante los siguientes 28 años. Al igual que la larga línea fronteriza conocida como el "telón de acero" separaba los países bajo influencia soviética de los de la órbita occidental.

¿Qué representaba exactamente el muro? No sólo representaba la división de los berlineses, o del pueblo alemán, sino la división de dos mundos ideológicos, el sistema colectivista del comunismo soviético y el sistema liberal americano. Esa división fue una profunda herida en el corazón de Europa, que impidió ese intercambio fructífero entre los pueblos y entre las personas, que fundaron y consolidaron la libertad, base del progreso de la humanidad.

Pasear por las calles de Berlín hoy en día para ver los restos de ese muro parece casi un hallazgo arqueológico, frente a una ciudad palpitante, llena de vida y cultura, en constante transformación.
Europa también ha experimentado grandes cambios desde aquellos días. El proceso de integración con los países que pertenecíparon al bloque comunista, ha aumentado su peso político y económico.

Sin embargo, acontecimientos como los del Muro de Berlín, que pueden parecer lejanos a los jóvenes de hoy, pero que siguen vivos en la conciencia de Europa, muestran que los muros y cierres de hegemonía ideológica o egoísmo son soluciones artificiales y efímeras, fuente de grandes desgarros y sufrimientos humanos, y que la solución de los complejos problemas de las sociedades contemporáneas debe encontrarse en el diálogo y la cooperación entre los pueblos y entre las personas.

En 2005 el Parlamento italiano promulgó una ley (Ley Nº 61 de 15 de abril de 2005, publicada en el Boletín Oficial Nº 95 de 26 de abril de 2005) en esta fecha del Día de la Libertad: esta ley establece que "la República Italiana declara el 9 de noviembre Día de la Libertad como el aniversario de la demolición del Muro de Berlín, un acontecimiento simbólico para la liberación de los países oprimidos y un deseo de democracia para las poblaciones todavía sometidas al totalitarismo".

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