En la Navidad de 1914 incluso la guerra se detuvo, gracias al fútbol. Primera Guerra Mundial, estamos en la región belga de Flandes.

Todo comenzó con la música, la famosa canción de Navidad Stille Nacht, que en español sería Noche de Paz, los soldados alemanes en las trincheras exponen los primeros árboles de Navidad, en Nochebuena.

Al otro lado de la alambrada están los soldados ingleses y, en menor medida, una unidad de franceses y belgas, que escuchan las canciones cantadas por los soldados alemanes. Los escuchan y no pueden evitar ser conmovidos.

En una carta escrita por el Cabo Leon Harris del 13º Batallón del Regimiento de Londres a sus padres que estaban en Exeter ( www.christmastruce.co.uk enteramente dedicada a lo que pasó hace cien años): "Fue la Navidad más maravillosa que he pasado. Estábamos en las trincheras en Nochebuena y a las ocho y media de la noche el fuego casi había cesado.
Entonces los soldados alemanes empezaron a gritarnos Feliz Navidad y a poner muchos árboles de Navidad con cientos de velas en los parapetos de las trincheras.

Algunos de los nuestros se reunieron con ellos a medio camino y tímidamente comenzaron a fraternizar, los oficiales acordaron una tregua hasta la medianoche de Navidad. En lugar de eso, la tregua continuó hasta la medianoche del 26, todos salimos de las trincheras y nos reunimos con los alemanes en tierra de nadie. (tierra de pequeñas dimensiones, no más de 100 metros, que dividía los dos lados, de las dos trincheras) e intercambiamos recuerdos, botones, tabaco y cigarrillos, varios de ellos hablaban inglés.

Se encendieron grandes hogueras toda la noche y cantamos villancicos. Fue una época maravillosa y el clima fue espléndido, tanto en Nochebuena como en el día de Navidad, frío y con las noches brillantes de la luna y las estrellas.

Charles Bruce Bairnsfather, un capitán del ejército británico, relató: "No olvidaré ese extraño y único día de Navidad para nada en el mundo... Me fijé en un oficial alemán, una especie de teniente creo, y siendo yo mismo un poco coleccionista le dije que había perdido la cabeza por algunos de sus botones del uniforme. Cogí mi tijeras y, con unos hábiles golpes, corté un par de sus botones y los puse en mi bolsillo. Entonces le di dos de mis botones a cambio... Por fin vi a uno de mis artilleros, que en la vida civil era una especie de barbero aficionado, ocupado cortando el pelo largo de un dócil 'Bochè' (  término ofensivo usado para referirse a un soldado alemán en la Primera o Segunda Guerra Mundial )que permanecía pacientemente arrodillado en el suelo mientras la máquina se arrastraba por la nuca.”

En cierto momento apareció un balón y se organizaron partidos de fútbol: alemanes contra ingleses. El fútbol no era todavía un deporte muy famoso, pero ya estaba muy extendido, porque tenía la ventaja de ser jugado con un balón hecho de trapos cosidos, dos piedras para hacer de meta, reglas simples y diversión garantizada. El juego terminó según un escrito de 1962 del poeta y escritor británico Robert Graves, el resultado fue de 3 a 2 para los alemanes.

Este famoso episodio ha sido apodado la Tregua de Navidad. La Primera Guerra Mundial había durado 5 meses, el tiempo suficiente para enterrar un millón de muertos. El 7 de diciembre de 1914, el Papa Benedicto XV propuso una tregua de Navidad entre los gobiernos en guerra, pidiendo que "los cañones puedan estar en silencio al menos en la noche en que los ángeles canten", petición que fue oficialmente rechazada.

En Alemania e Inglaterra el comportamiento de los soldados fue duramente criticado, tanto que los periódicos no lo reportaron, censurando el evento.

Una historia que se convirtió casi en una leyenda: la encontramos en un anuncio de Sainsbury's y en la película de 1969 "Oh, qué hermosa guerra" de Richard Attenborough.

En diciembre de 2014, cien años después de esa tregua histórica, en la ciudad belga de Ploegsteert, el entonces presidente de la UEFA, Michel Platini, inauguró un monumento en memoria de ese día en que el fútbol detuvo la guerra.

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