Deben saber que, a pesar de no ser mi región de origen, cada vez que voy a Italia me encuentro visitando Abruzzo.

Todavía tengo gratos recuerdos de vacaciones de verano, cuando era niño, en las playas de Montesilvano. Pero sobre todo, me mueve el reencuentro con tres grandes amigos de la infancia, Abruceses  D.O.C.

Gianfranco, Miguel y "Peppe", son hijos de inmigrantes. Buenas Familias de gente trabajadora, que han dado tanto en Suramérica y que han regresado a su Patria desde hace ya muchos años.

Así que la visita siempre es muy grata y no pierdo la oportunidad de disfrutar, bajo su dirección, de las bellezas, especialmente culinarias, de esta fascinante región de nuestra maravillosa Bella Italia.

Los orígenes de la Región.

Los orígenes de Los Abruzos se remontan a la edad de la piedra, con pobladores estacionarios en los valles de los ríos Tronto y Sangro. La mayoría de los hallazgos arqueológicos son evidencia de la Edad del Bronce y del Hierro.

Antes de la era cristiana, la región estaba habitada por grupos de pastores, todos ellos de etnia local. Vivían en ciudades amuralladas y la vida se regía por los principios de la comunidad.

Incluso hoy en día la región mantiene una fuerte tradición de trashumancia y cría de ovejas.

Los romanos.

Alrededor del siglo IV a. C., después de largas guerras llamadas "guerras sanniticas", los romanos conquistaron estas tierras. Bajo el estado romano se construyeron , teatros, anfiteatros, baños y numerosas calles que conectaban Abruzzo con Roma y otros lugares del Imperio.

Ocupación bárbara y período medieval.

Después del Imperio Romano, Abruzzo experimentó las terribles invasiones de los pueblos bárbaros y la dominación de los Longobardos y luego de los Francos, hasta el siglo XII dándole el nombre de Marsia.

Durante este tiempo las costas estuvieron expuestas a las incursiones de los terribles piratas Sarracenos. Con la ocupación normanda, la región se fusionó con el Reino de Sicilia, que abarcaba todo el sur de Italia.

En el siglo XIII, Federico II, de la dinastía Sueva, que le sucedió a los normandos, buscó unificar el territorio de los Abruzos, dividido entre los poderosos señoríos feudales. A principios del siglo XV, llegaron los españoles.

Este fue uno de los peores períodos de la historia de la región después, de la invasión bárbara.  Abruzzo no era considerado más que una región fronteriza. L´Aquila, que era una ciudad hermosa y próspera, rápidamente perdió importancia, reducida a un mero bastión militar.

Además, la tierra fue abandonada y las montañas estaban llenas de ladrones. Sólo las ciudades de la costa fueron capaces de mejorar sus condiciones económicas gracias al comercio con los territorios venecianos más allá del Adriático.

Finalmente Italia.

La vitalidad de la región recuperó su vigor con la dominación borbónica, que duró desde el siglo XVIII hasta el siglo XIX, cuando se llevaron a cabo las obras de recuperación del Fucino, se construyeron nuevos caminos y se impulsó la economía. En 1860, Abruzzo finalmente pasó a formar parte del Reino de Italia.

Un territorio genuino.

Es una hermosa región situada en el centro-sur, en el este de la península. También tiene una primacía, cual es ser reconocida como la más verde de Italia.

Se extiende desde el corazón de los Apeninos, sobre un territorio predominantemente montañoso y salvaje. El paisaje natural de los picos altos y ásperos del Gran Sasso, las montañas de Laga y la Majella, va descendiendo a un amplio sistema de colinas, llegando finalmente a la costa del Adriático.

Región adentro.

La ruta desde el Gran Sasso hasta el mar atraviesa territorios ricos en historia, tradiciones y testimonios artísticos que nunca dejan de sorprender a los visitantes.

En las altas montañas, entre picos prístinos y murallas rocosas, hay importantes estaciones turísticas con campos equipados para el esquí y los deportes de invierno, como Pescasseroli, Rivisondoli y Roccaraso.

Entre las montañas y las colinas hay estrechos valles, caminos históricos naturales, incluyendo el pintoresco y evocador valle del Aterno, salpicado de pueblos antiguos.

Ricos en encanto son los pequeños pueblos del interior, los monasterios, los castillos de la región que conforman muchos y variados circuitos de ruta turística.

Abruzzo tiene una amplia gama de propuestas, de lugares perfectos, para organizar viajes fuera de los recintos urbanos.

Lugares increíbles desde un punto de vista naturalista. El Lago de Scanno es una de las mejores oportunidades para elegir. Rodeado de montañas, este es un lago que para muchos tiene la forma particular de un corazón y que le permite pasar jornadas de pleno relax.

Además, la visita al pueblo del mismo nombre, una de los más bellos de Italia, es una experiencia imperdible.

Su primacía como Región Verde también se la debe a las numerosas reservas naturales. Tal como el Parque Nacional de los Abruzos, que proporcionan protección a especies vegetales y animales típicas de la zona, como el águila real, el lobo y el oso marsicano.

La costa y los “trabocchi”.

La costa de los Abruzos se caracteriza por largas playas de arena en la parte norte, mientras que al sur prevalecen las playas de guijarros. Todas ellas reconocidas y muy visitadas.

A lo largo de la costa entre Vasto y Ortona encontramos los característicos "trabocchi".

Los particulares zancos de madera se denotan torpes e inciertos, con vistas y extensión sobre el mar. Utilizados en tiempos antiguos por pescadores,  ahora supervivientes a las tormentas, se transforman, muchos de ellos, en encantadoras y pequeñas trattorias donde se puede degustar la cocina basada en las delicias del mar.

 

La leyenda de sus montañas.

Los Abruceses siempre han amado sus montañas. Esto se denota en la antigua leyenda de la que deriva el origen del nombre de los dos macizos más altos de los Apeninos Continentales: el Gran Sasso (2.912 m.) y la Majella (2.793 m.).

Cuenta la leyenda de la trágica historia de la diosa Maja y su único hijo, hermoso y muy grande, llamado "el Gigante". Este fue gravemente herido en una batalla. Su madre se dirigió a un oráculo para salvarlo, quien le habló de una montaña muy alta, más allá del mar, donde crece una hierba milagrosa que puede sanar incluso las heridas más graves.

Así, Maja y su hijo navegaron hacia el puerto de la antigua ciudad de Ortona, Abruzzo (ahora provincia de Chieti). Y desde allí hicieron el viaje a las montañas de los Apeninos.

Agotados por el viaje, se refugiaron en una cueva tallada en la roca de la montaña. Allí el gigante herido, antes de que pudieran encontrar la hierba milagrosa, murió en los brazos de su madre.

Maja lo enterró en el Gran Sasso, cuyo perfil se ha asemejado en lo sucesivo al de un "gigante dormido".

Desde entonces, Maja, inconsolable, no consiguió paz, y comenzó a vagar hasta llegar a la montaña en frente, desde donde podía observar el sepulcro de su amado hijo.

Allí permaneció para vivir como un ermitaño, hasta que un día falleció. En su honor, la montaña fue nombrada por los lugareños, Majella (montaña madre, de la diosa Maja). El macizo de la montaña tomó, como por arte de magia, las características de una mujer, inclinándose sobre sí misma, velando por su amado hijo tendido.

Los pastores relatan que cuando la tormenta arrecia en la Majella, el sonido del viento parece tomar la voz de Maja que llora desesperadamente por la pérdida de su hijo.

Las provincias de los Abruzos.

L'Aquila (Capital Regional),

En la noche del 6 de abril de 2009, un fuerte terremoto sacudió a toda una población y destruyó L'Aquila, una de las ciudades más llamativas y visitadas de Italia.

Once años después, con la inversión realizada por las autoridades, para revivir la vocación cultural de la ciudad, han reabierto muchos sitios de alto interés artístico.

Estos incluyen la Basílica de Collemaggio,vinculada al culto de Celestino V, uno de los monumentos emblemáticos de la ciudad. La Iglesia de Santa María del Sufragio, de estilo barroco, que se encuentra en la plaza principal. La Basílica de San Bernardino, una basílica románica que data de la década del 200, que contiene precisamente los restos de San Bernardino da Siena. La evocadora Fuente de 99 cannelles, vinculada a la leyenda de los 99 feudos que participaron en la fundación de la ciudad en el '200.

El casco antiguo ha sido rehabilitado casi en su totalidad y se puede transitar libremente. Para 2025 todo será restablecido como era antes del terremoto.

Pescara.

Antigua y gloriosa ciudad marinera, con sus callejones característicos de la ciudad vieja. Poco queda de ella, ya que en 1943, fue arrasada por el bombardeo de la guerra y perdió gran parte de su patrimonio artístico.

Lugar de nacimiento del gran poeta Gabriele D'Annunzio. Conserva intacta su casa, declarada monumento nacional en 1927 y que hoy es un interesante museo..

Una vez reconstruida se ha convertido en una moderna ciudad costera y de playa. Con un bonito paseo marítimo con restaurantes, bares y balnearios. Cuenta con un gran puerto de canal y cerca de este se encuentra "El Puente del Mar", imponente, con su forma moderna y serpentina, corta el horizonte y nos brinda hermosas vistas del entorno.

Teramo.

Uno de las localidades más bellas de Abruzzo.

Es un importante centro histórico y cultural, de orígenes antiguos. Se encuentra en las laderas del Gran Sasso, en una zona llena de viñedos y olivares.
Su patrimonio artístico y cultural incluye el Teatro Romano, el Castillo de Mónica y la Basílica de Santa María Assunta.

Chieti.

Según la leyenda, fue el héroe griego Aquiles quien la fundó. La historia, sin embargo, da fe que Chieti ya existía bajo el nombre de "Teate" en 1000 a. C., cuando se convirtió en la capital del pueblo orgulloso y valiente de los Marrucini.

Se encuentra en una colina y domina un magnífico panorama que se extiende a los pies del Gran Sasso y la Majella. Cuenta con los templos y teatros romanos; con la Catedral de San Justino. Sus callejones característicos del casco antiguo. El hermoso Teatro Maruccino del siglo XIX y el Museo Arqueológico Nacional.

La dulce y colorida tradición del confeti.

La ciudad de Sulmona, en la provincia de l´Aquila, es la patria del confeti. Una dulce especialidad que consiste en almendras cubiertas de azúcar. Almendras producidas en el valle de Peligna en Abruzzo y también las famosas llamadas Pizzuta d'Avola, procedentes de la provincia de Ragusa en Sicilia.

Según las leyendas, el confeti habría sido producido ya en la época de la conquista romana. Los  usaban los romanos de la nobleza para celebrar nacimientos y matrimonios. Pero con una pequeña variante: el corazón de almendra estaba cubierto de miel y harina, en lugar de azúcar.

El uso del confeti se ha colado en los contextos elitistas, en familias de orígenes nobles, con la finalidad de rendir homenaje durante las fiestas o las celebraciones.

Sin embargo, ciertas fuentes muestran que una pequeña tienda artesanal fue construida, en el siglo XV, en el monasterio de Santa Clara,

Además de ser un producto local típico, representa uno de los aspectos más significativos de la historia y la cultura de la ciudad. Son una fuente de orgullo en Abruzzo.

El Ministerio de Política Agrícola ha incluido el confeti de Sulmona en la lista de Productos Agrícolas Tradicionales Italianos (PAT).

Hay varios tipos de confeti de Sulmona, pero los más característicos son los que forman los ramos florales que colorean las vitrinas de Corso Ovidio.

Los “arrosticini abruceses”.

Es un ritual reunirme, con mis amigos Abruceses, por la noche alrededor de una mesa de "arrosticini".

El origen de este plato típico regional se remonta a la zona de El Voltigno, en la provincia de Pescara, según la memoria popular, propiamente en Villa Celiera.

Es aquí, de hecho, que alrededor de 1950 se cocinaron los primeros arrosticini, de acuerdo con los secretos de los vendedores ambulantes e inmigrantes que tuvieron el mérito de traer la delicia a esta tierra.

Desde sus origines, los arrosticini, también llamados rustelle, del dialecto"rustell o arrustell", se preparan ensartando en pequeñas varas de madera, la carne de oveja o cordero. Esta es la gran diferencia con un simple pincho.

En la preparación tradicional la carne se corta a mano y es más exquisita porque se seleccionan las partes más sabrosas y nobles de la oveja. Además, entre los cubos de carne inserta una fina tira de grasa que hace que la carne quede más suave y de sabor excepcional.

La tradición implica el uso del “furnell" para cocinarlos.. Este es una especie de brasero, en el que pueden descansar los arrosticini, de manera tal que sólo la carne reposa sobre las brasas, mientras que el resto de la vara queda por fuera.

La cocción no debe ser a fuego alto para así evitar que se reseque la carne. La pizca de sal se añade al servir.

Los arrosticini  se llevan a la mesa calientes y como si fueran un ramo de flores, en presentaciones  de numerosas piezas. Se deben comer estrictamente con las manos, mordiendo directamente la carne.

Ellos reclaman la compañía de la "bruschetta" hecha con pan casero. Este matrimonio viene sellado con una copa de exquisito vino Montepulciano d'Abruzzo.

A este punto brindamos por la amistad eterna, mientras transcurre la fiesta total del paladar.

Nos volveremos a ver pronto.