“Somos pececillos rojos, encerrados en la pecera de nuestras pantallas, sometidos al carrousel de nuestras alertas y de nuestros mensajes instantáneos”, escribió Bruno Patino en su libro La civilización del pez rojo.

La digitalización ha mejorado en muchos aspectos la forma en la que vivimos, nos relacionamos y trabajamos. Sin embargo, el uso indiscriminado de los dispositivos electrónicos con acceso a internet está empezando a generar serios problemas de salud y conciliación. El masivo acceso a la tecnología que estamos viviendo hoy en día, hace que sea prácticamente imposible conseguir un aislamiento de los dispositivos que nos rodean.

Durante la cuarentena hemos desarrollado aún más nuestra adicción a teléfonos, pantallas y algunas aplicaciones; eso sumado al negocio basado en la neurociencia que utilizan las redes para mantenernos atentos y conectados por más tiempo y que genera dependencia. En el ámbito laboral, los datos también evidencian una excesiva hiper conectividad. 

Debemos estipular límites y educarnos. No estamos actuando responsablemente frente a las consecuencias sobre nuestra salud mental.

Cómo afrontar la desconexión digital post pandemia es uno de los retos que se avecinan y deberemos hacer un esfuerzo. Una charla con amigos, una comida familiar, la lectura de un libro o dar un simple paseo son ejemplos de situaciones que, dejando a un lado la tecnología, nos pueden venir bien para conseguir esa ansiada desconexión.