Normalmente uno se detiene a pensar y reflexionar sobre la condición de los italianos en el extranjero. Quiénes y cuántos somos y por qué hemos elegido vivir más allá de nuestras fronteras, dejando un país tan codiciado por tantos extranjeros.

Los italianos, un pueblo predominantemente inconformista. Siempre críticos de su propio sistema y en busca de progreso. Un pueblo emprendedor por naturaleza, dispuesto a enfrentar grandes desafíos.

Algunos de nosotros, sin embargo, lo somos aún más.

Estos últimos, por diversas razones, desde mediados de 1800 hasta la actualidad, hemos dejado nuestros lugares de origen y nos hemos dirigido a todas las latitudes posibles e imaginables del mundo.

Los italianos estamos en todas partes y somos muchos. Pero nunca olvidamos Nuestra Patria, al contrario, somos los que vivimos con el eterno sentimiento de tener una "Madre" lejos. También somos los que, con el producto de nuestro trabajo en el extranjero, hemos contribuido a la recuperación del país en más de una ocasión.

Nadie nos ha rechazado nunca, y aunque a veces, en principio discriminados, hemos conseguido ser bien aceptados. Incluso algunos países, como Panamá, nos han considerado extranjeros "preferidos" y nos extienden la mano para simplificar nuestra integración en su sistema de vida.

En respuesta, siempre hemos trabajado duro y los nombres de muchos italianos están grabados en los registros del progreso de muchos países extranjeros. Han surgido muchas familias "italo-extranjeras", orgullosas de sus orígenes itálicos.

Nosotros somos los que nos alegramos plenamente ante los éxitos y bellezas de Italia y fácilmente brindamos nuestras lágrimas al Himno de Mameli. Nosotros somos los que, frente a un estante, siempre extendemos la mano hacia un "Made in Italy", haciendo nuestros productos famosos y demandados en todas partes. Somos los italianos que izan la bandera al otro lado de la frontera en todos los rincones del mundo. Somos los italianos que en otros lugares nos llenamos de orgullo cuando decimos: "somos italianos".

Pero también somos nosotros los que, paradójicamente, tenemos que golpear nuestros puños en la mesa para que se nos respete la igualdad de ciudadanía. Para que nuestros gobiernos reconozcan derechos elementales como el de votar, en igualdad de condiciones, para elegir a los dirigentes del país, como el de tutela de nuestra salud, sin límites, e incluso el de poder regresar, sin ninguna barrera, a nuestra patria.

Por eso hoy, más que nunca, nos paramos firmes ante nuestras Instituciones para proclamar con determinación que los italianos somos uno:

"en Italia o en el extranjero,  Italianos somos".