Desde la intuición de Colón hasta el descubrimiento de Balboa, el istmo de Panamá ha atraído continuamente la atención del mundo del comercio y la comunicación como una encrucijada, primero terrestre y luego oceánica.

Unir los dos océanos ha sido un sueño para la humanidad desde tiempos antiguos. La importancia del Canal Interoceánico en todo el mundo es incuantificable.

Desde la etapa del reconocimiento y estudio del territorio, hasta la reciente amplificación, la historia de esta obra, la más colosal del siglo XX, cuenta con el protagonismo de famosos personajes italianos. Pero también de tantas connacionales desconocidos, no por ello menos importantes. Gracias a su ingenio y esfuerzo, el Canal de Panamá ocupa un lugar de honor entre las maravillas del mundo moderno.

Desde la búsqueda de Colón hasta Carlos V.

En la rica bibliografía sobre los descubrimientos geográficos en el Nuevo Mundo, la del territorio panameño se atribuye al genovés

Cristóbal Colón.




Para completar su trayecto a las Indias, Colón debía superar estas tierras. Ello se convierte en el propósito de su cuarto viaje, cuando con muchas dificultades buscará el paso de las costas atlánticas de la actual Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.

Fácilmente intuye el reducido tamaño del istmo, pero no tiene la oportunidad de cruzarlo.

En la costa atlántica de la actual República de Panamá, el Genovés y su hijo transcurrieron seis meses, desde el 16 de octubre de 1502 hasta el 16 de abril de 1503.

Fue el español Vasco Núñez de Balboa, el fundador de Panamá, quien logró encontrar la salida al otro mar. Ese océano poderoso y tormentoso que, irónicamente, llamaron Pacífico.

Pero no fue posible, sin embargo, identificar el codiciado "punto de conexión" entre los dos mares, en los meandros de tierra y manglares del Istmo. Pues, como pronto se dieron cuenta de los "conquistadores", éste no existía.

La búsqueda de un pasadizo tomó gran importancia en 1534. El Emperador de España, Carlos V. ordenó realizar los estudios de campo para encontrar el mejor sitio para construir un canal navegable.

Antonelli y los primeros proyectos.

Posteriormente, Felipe II, el mayor gobernante de España y América, heredero al trono de Carlos V, fue el primero, no sólo en concebir, sino en poner en marcha, el proyecto del canal interoceánico.

Para lograrlo, en 1586, se dirigió al ingeniero militar Giovanni Battista Antonelli, nacido en Gatteo en la Romaña italiana. Miembro de una prestigiosa familia de ingenieros militares.

Este había diseñado y construido, para la Corona, algunas de las fortificaciones militares más importantes de la costa mediterránea en la Península Ibérica.

Debido a la falta de tecnología en ese momento, el proyecto fracasó.

Antonelli, sin embargo, se convirtió en el primero de muchos italianos cuyas historias están entrelazadas con el Canal de Panamá.

Los estudios de Garella.

La idea del canal tardó más de tres siglos en recuperar el impulso. Esta vez, fueron los franceses, alrededor de 1844, quienes la propusieron a la recién formada República Colombiana, de la que Panamá formaba parte.

También confiaron el estudio a un italiano,

Felice Napoleon Garella,

originario de Lucca. Era ingeniero jefe de primera clase. Su investigación, sobre la factibilidad del proyecto, fue publicada en París en 1844.

Desafortunadamente, el trabajo -como el de sus predecesores- no fue debidamente valorado.

Es notorio, sin embargo, su diseño de la línea ferroviaria a través del istmo. Ésta fue acometida en 1850 por la sociedad norteamericana “Panama Rail Road Company”.

Tres años más tarde, superadas las enormes dificultades, se abrió un troncal utilizado por 32.000 pasajeros. En sólo siete años se logró amortizar los costos de construcción y en 1883 se registraron unos 304 mil usuarios.

La existencia del tren fue estratégicamente fundamental en la construcción del canal.

La ruta de Codazzi.

Le siguió otro italiano, Agustín Codazzi, originario de Lugo de Romaña. Un famoso cartógrafo, geógrafo y militar muy apreciado en Suramérica.



En 1852 Codazzi trabajó como cartógrafo para el gobierno británico. Se le encargó inspeccionar el istmo de Panamá con el fin de identificar el lugar más adecuado para la excavación de un canal transoceánico

En 1854, a pesar de que no se hiciera mención oficial, la pista del Canal  siguió todas las direcciones propuestas por  el Romañolo.

En los años siguientes, las exploraciones para la apertura de la ruta marítima interoceánica continuaron sin descanso, pero con poco éxito.

La primera concesión: Bixio y Musso.

En 1876, se fundó una empresa internacional, la “Société Internationale du Canal Interocéanique”, para llevar a cabo las obras.

Dos años más tarde obtuvo una concesión del gobierno colombiano, que para la época controlaba el territorio, para cavar un canal a través del istmo.

Se pasó entonces de las palabras a los hechos.  En la expedición emprendida en los últimos meses de 1876, para llevar a cabo las inspecciones, se reseña la participación de otros dos italianos.

Oliviero Bixio.

Un joven de 35 años. Combatiente destacado en las Guerras de la Independencia Italiana. El nieto de Gerolamo, un noto general que fue protagonista del Resurgimiento Italiano al lado de Garibaldi.  Llegó a Panamá investido como secretario del lugarteniente Wyse, jefe de la expedición a Darién.

Junto con él, en la comitiva, un amigo,

Guido Musso.

Joven ingeniero perteneciente a una familia distinguida. Ambos se ofrecieron como voluntarios para tener un día el derecho a lucir su participación en una obra tan grandiosa.

Desafortunadamente, fallecieron en estas tierras, lejos de su patria, antes de ver su sueño cumplido.

La construcción del canal comenzó el 1° de enero de 1880

En 1882, el proyecto  tomó forma con la puesta en marcha de la línea ferroviaria entre Panamá y Colón. Cientos de miles de personas de cuarenta países, entre ellos Italia, acudieron al Istmo en busca de empleo. La colosal empresa, la más grande del siglo XX, requería una amplia gama de mano de obra.

El sistema de compuertas de Leonardo Da Vinci.

En 1887, Ferdinand De Lesseps, director de la construcción del Canal de Suez y ahora al frente del proyecto panameño, se convenció de que cavar un canal totalmente a nivel del mar entre los dos océanos era imposible. Fue entonces cuando se adoptó el sistema de esclusas y embalses.

Hay que considerar que el sistema principal, el de los juegos de compuertas para superar las diferencias de las aguas, se deriva de las intuiciones de otro famoso italiano,

Leonardo da Vinci.

El prestigio dela obra atrajo a muchos trabajadores, pero las enfermedades y las condiciones ambientales hostiles, causaron miles de muertes. Esto, combinado con problemas técnicos y financieros, provocó la quiebra de la compañía y las operaciones fueron suspendidas el 15 de mayo de 1889.


El proyecto pasa a los norteamericanos.


Panamá finalmente se separó en 1903 de Colombia. En el mismo año firmó un acuerdo con los Estados Unidos, otorgándoles la construcción del canal.

Entre 1904 y 1914 los italianos, una vez más, estuvieron a la vanguardia. De los casi 44.000 inmigrantes "alistados", el grupo de migrantes procedentes de la Península, fue el segundo en número más grande de Europa, después de los españoles.

Se estima que alrededor de 4.000 compatriotas dedicaron mucho entusiasmo a una obra titánica. Tantos sueños y una oportunidad histórica para trabajar. Una nueva vida para miles de hombres y mujeres angustiados por la inminencia de una guerra que involucraría al mundo con su dolor y horrores.

Los trabajadores italianos, además, contaban con una profesionalidad única para la ejecución de la infraestructura. Eran capataces, no simples obreros. Construyeron casas, caminos, puentes. Eran trabajadores tenaces, resistiendo las elevadas temperaturas ecuatoriales. Sabían adaptarse a las diferentes costumbres, a las enfermedades que asechaban.

Durante décadas se habían esparcido por todo el mundo y ayudado a construirlo. Necesitaban trabajar, huían de los primeros destellos de la Gran Guerra. Buscaban un escape de la pobreza que afectaba, sobre todo, al sur de Italia


La presencia italiana.


Al igual que el resto de la fuerza laboral, trabajaban en condiciones de casi esclavitud, sin ninguna protección ni del gobierno panameño ni del gobierno de Roma, que se desinteresó de ellos.

Muchos enfermaron de fiebre amarilla, que era endémica en ese momento. Otros murieron, algunos quedaron discapacitados o mutilados. Los sobrevivientes finalmente encontraron pocas oportunidades una vez que la obra concluyó.

Sin embargo, del paso de los italianos por Panamá, ha quedado la huella. Una serie infinita de restaurantes, hoteles, pequeñas tiendas y tiendas de comercio, a lo largo de las orillas del antiguo canal y en la capital. Pero también contribuciones al arte y la arquitectura.

La comida y las costumbres se mezclaron y este "mosaico de nacionalidades" terminó dando forma y creando la moderna República Centroamericana.

Muchos se han hecho ricos, otros sólo han levantado una familia, han criado hijos que no se han ido de aquí.

En el "Diccionario Biográfico de Italianos en Centroamérica “ del profesor Dante Liano de la “Universidad Católica del Sagrado Corazón”, encontramos algunos nombres de inmigrantes italianos de la época que llegaron a Panamá:

Alessandro Dominici y Panarelli Dominici (1850); Giuseppe Menotti y Francesco Dominici en 1875, entre los fundadores de la "Sociedad Filarmónica de la Ciudad de Panamá"; Gennaro Ruggieri (1905), constructor del Palacio Nacional, el Teatro Nacional y el Palacio Municipal de Panamá; Alfonso Rampolla (1908); Francesco Russo (1913); Angelo Guaragna y Carmelo Guaragna (1914); Domenico Donato (1919); Silvio Menotti (1921); Antonio Melillo (1923); Alfredo Panisi (1925); Giovanni Melillo (1926); Liberato Pezzotti  (1928); Pasquale Di Trani (1930).

El sueño latinoamericano continuó atrayendo inmigrantes italianos hasta la década de 1960.

En un momento de emigración masiva de connacionales hacia a Argentina y otros países sudamericanos, la gran oportunidad que ofreció Panamá fue notoria y bien acogida.

La expansión del canal.

Muchos años más tarde, con la ampliación del Canal de Panamá, Italia es una vez más la protagonista. El 22 de octubre de 2006, el proyecto fue aprobado por un referéndum consultivo.




Las nuevas esclusas de los océanos Pacífico y Atlántico permiten el tránsito de barcos con una capacidad y dimensiones tres veces mayor.

En el 2009 la obra fue confiada al consorcio internacional, liderado por la empresa italiana Salini Impregilo , que incluye a ls Sacyr española y a la belga Jan de Nul.


Las circunstancias quisieron que en ese momento, el Presidente de Panamá, el Sr. Riccardo Martinelli, también fuera de origen italiano.

Desde el punto de vista de la ingeniería y no sólo, es el trabajo más ambicioso jamás realizado en el mundo. Y es muy "made in Italy".

De hecho, las dieciséis puertas del complejo sistema de cerraduras son italianas. El corazón tecnológico del proyecto. Son fabricadas por la empresa friulana Cimolai.

Esta empresa le ganó, sorprendentemente, a la competencia norteamericana para ejecutar las obras hechas por los Estados Unidos al inicio del siglo pasado.




El software operativo y muchos de los materiales de construcción especiales también son italianos. Entre los más notorios se encuentran los suministrados y estudiados a la medida, por la empresa milanesa Mapei.

Ella ha contribuido a través del asesoramiento de su personal cualificado. Además del suministro de productos especiales para estructuras e impermeabilización de cuencas.

"Un proyecto italiano del que estoy muy orgulloso", comentó en una oportunidad el Ing. Pietro Salini, el CEO de Salini Impregilo.

Con la implementación del nuevo canal, el comercio internacional ha cambiado aspecto. Panamá se ha convertido en uno de los centros de tráfico comercial más importantes del mundo y ha duplicado sus ingresos por tráfico marítimo.

Italia puede afirmar, al menos durante los próximos cien años, que ha contribuido a esta historia de éxito.