La inverosímil situación discriminatoria a la cual están sometidos los italianos residentes en Panamá, y no sólo, víctimas de una disposición legal inconcebible, emitida por el Gobierno de Conte, los ha puesto en la condición de tener que "refugiarse" bajo la protección de otros Países Europeos, en lugar de recibir el apoyo de la propia Nación de ciudadanía.

Hoy publicamos la historia de una conciudadana que, como tantos otros, está pasando por una situación difícil, que lamentablemente se crece a causa del decreto emitido por el Ministro de la Sanidad, Roberto Speranza. Lejos de proteger la salud, esta normativa discrimina a los italianos que viven en el extranjero y se enfrenta al sagrado derecho constitucional a regresar en Patria para encontrar alivio a sus necesidades.

La Señora Eliana y su Familia, marido y dos hijos, son italianos residentes en Panamá desde hace  cinco años, regularmente inscritos en el A.I.R.E. Una familia donde se trabaja y  los hijos a la vez estudian en la universidad, en definitiva buenas personas que se entregan al quehacer diario.

Con la emboscada del COVID-19, a partir del mes de marzo de 2020, para la Familia de Eliana la vida cambia. El trabajo y los estudios se paralizan, las necesidades económicas se hacen presentes. Su hija, Elisa, suspende, muy a su pesar, la carrera de Ingeniería en la Universidad Tecnológica. Para la joven surge la posibilidad de un trabajo en Turín que su tía le consigue en una empresa estable y por lo tanto sueñan con el regreso a la Patria, aunque no sea todos al mismo tiempo.

Lo sentimos, pero no hay nada que hacer.

A principios de julio, Elisa compra el boleto de un vuelo humanitario y acude al Consulado Italiano en Panamá, para pedir ayuda económica a los fines de repatriar. Allí se estrella contra la prohibición que pesa sobre los ciudadanos italianos que viven en Panamá, para entrar en Italia.

A pesar de la amable atención que le dispensan a Elisa los funcionarios del Consulado Italiano, nuestra conciudadana queda estupefacta por la confirmación de que corría el riesgo de ser bloqueada a su llegada a Milán y enviada de vuelta a Panamá.

En su concepción de los hechos y de la situación, no entiende, como efectivamente nadie lo comprende, porque no se le permite hacer cuarentena preventiva. Pide explicaciones en el Consulado y aquí el funcionario se esfuerza en una lectura minuciosa de la legislación, concluyendo definitivamente que el decreto es estricto, no deja lugar a excepciones y el riesgo de rechazo es inminente.

Menos mal que existe Inglaterra.

La Familia asombrada debe elegir entre tomar el riesgo y enfrentarse tal vez a una situación desagradable y humillante, o posponer la salida esperando que algo más adelante cambie, o encontrar refugio en un lugar alternativo. Es entonces cuando aparece la cuñada de Eliana, desde Manchester en el Reino Unido, ofreciendo apoyo a Elisa. La chica se va en el vuelo de Panamá a Amsterdam y de allí se dirige a Manchester en lugar que a Milán.

Nuestra conciudadana, declarada un peligro público para su propio País, no parece ser un problema para Holanda, donde transita y mucho menos para Inglaterra, que, pese a aplicar la protección sanitarias de cuarentena, la recibe con los brazos abiertos.

Menos mal que está Inglaterra. Gracias a Dios que hay otros países europeos que no pisotean nuestra dignidad y que no nos abofetean con una prohibición absurda.

Un llamado a la reflexión.

Hacemos un llamado a la opinión pública, a la Comunidad Italiana en Panamá y en otros países, pero sobre todo apelamos a que esta situación sea examinada seriamente por las Autoridades Italianas. No es posible que los Italianos residentes en el extranjero, en caso de necesidad, deban fundar sus esperanzas en otros países europeos. Es muy triste escuchar de Eliana la declaración lapidaria de que "Italia no nos ayudó en absoluto, de hecho ni siquiera nos dejó entrar".

Ahora las esfuerzos de esta familia italiana están dirigidos a cerrar el telón aquí en Panamá y seguir adelante hasta tanto pueden reunirse con Elisa. Pero tristemente la esperanza está dirigida hacia Inglaterra ya que en la dirección de Italia les está prohibido mirar.

No se imaginan cuánta tristeza y vergüenza ajena siento como Italiano, orgulloso de mi Patria, al tener que contar estas historias.

Para derogar éste inaudito decreto puedes firmar la petición a través del link aquí indicado.

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