Italia es una República Democrática, fundada en el trabajo.

Cuando era niño envidiaba de cierta manera a quienes adquirieron el derecho a celebrar el 1 de Mayo y a los que formaban parte del artículo 1, estaba estudiando, no estaba trabajando, así que estaba fuera de categoría, incluso si mi madre en ese momento me tranquilizó diciendo que mi trabajo era estudiar. Una vez que ingresé, a una temprana edad por elección y no por necesidad, a este mundo percibí la pertenencia a este día con mucho orgullo y sentí que era celebrado y vinculado al artículo 1.

Ser italiano para mí siempre ha sido sinónimo de ser un buen trabajador, creativo, dispuesto a sacrificar sin sentir su peso, entrenamiento basado también en las historias de mi padre que a los 14 años desarmaba motores de camiones yo a su lado me sentía nada en comparación. Me llevaba a la escuela por la mañana y lo volvía a ver por la noche, regresaba a casa con el perfume habitual del trabajador metalúrgico, una mezcla de olores de varios: aceites, hierro cortado y cigarrillos, dignos del Artículo 1, y ojo si no se servían spaghetti para cena!, en definitiva, un verdadero italiano.

Esperé hasta pasada la medianoche para escribir estas líneas, hoy, 1 de mayo de 2020, no estoy dentro, no siento que estoy haciendo mi trabajo, estoy en pausa, estoy parado, y mis colaboradores que no quisieran también, hace cuarenta días que me siento fuera del Artículo 1, he intentado de muchas maneras cambiar la situación para permanecer dentro, haciendo planes para mi cuarentena, con propuestas, ideas, soluciones que no pueden activarse con el mundo nuevamente enfermo (la otra vez yo no estaba), y nadie sabe cómo curarlo, tal vez no lo digan o no quieran, no depende de mí y, mientras tanto, estoy fuera del coro, la misma sensación que tuve cuando era niño, repito, desde hace 40 días estoy fuera del Artículo 1. Hay quienes ingeniosamente hacen el bien y hay quienes lo aprovechan en negocios perversos, para mi la única opción válida para sentirme honesto es permanecer en casa para ayudar a aquellos que realmente están en la primera línea arriesgando sus vidas por el deber y hoy merecen ser capaces de celebrar.

Yo no puedo, no tengo que hacerlo, tengo el artículo 1 en pausa, pero no me rindo, soy consciente de que esta es otra lección más, para apreciar lo que tenemos y lo que hemos perdido, estos incómodos sacrificios en el sillón de esta memorable cuarentena tendrán sentido, un descanso para dejarnos respirar y pensar cómo ser mejores en un mundo mejor para los que vienen después!

¡Honor al cuerpo médico y sanitario de nuestras naciones!