Este artículo está dedicado a la ciudad italiana de Castrovillari, la localidad de donde provienen mis raíces. La tierra que me vio nacer, la de mis padres, abuelos y bisabuelos, que al igual que muchos otros connacionales decidieron, en su momento, partir hacia el nuevo mundo y considerar a Panamá como su nueva patria. Familias que dieron origen a descendientes que hasta el día de hoy han aportado más de 5 generaciones a nuestro país. 

Caracterizada por su idiosincrasia sureña la cual se ve  reflejada en las nuevas generaciones que han nacido y crecido en suelo panameño, siendo baluarte del pueblo la alegría, espontaneidad y el trabajo arduo.

Es una ciudad que nos transporta al pasado cada vez que regresamos a ella. Una urbe que nos permite al caminar por la vía "Corso Garibaldi", o visitar el "Santuario de la Madonna del Castello", dar vida a nuestros recuerdos. En donde el olor a los higos, los limones y las cerezas de la campiña nos traen memorias imborrables a los que allí nacimos y  convivimos. 

A pesar de ser una localidad pequeña, cuenta con majestuosos monumentos: como la renacentista Basílica menor de San Giuliano (el patrono de la ciudad); la iglesia de Santa María de Constantinopla, la iglesia de la Santa Trinidad; el Santuario de Santa Maria del Castillo (la Madonna del Castello) aislada en la cima de una colina, la cual fue fundada en 1090 y es considerada el icono de la ciudad, el Palacio Cappelli, el Castillo Aragonés (Castello Aragonese) del siglo XV; la iglesia de Santa María de la Gracia, la iglesia de San Francesco di Paola, la iglesia Sacri Cuori, el Palacio Municipal ubicado en el antiguo Palacio Gallo y la Fuente de San Giuseppe son parte de la historia y cultura de esta hermosa localidad.

Los poblados y ciudades cercanas generan paisajes idílicos que bien podrían enmarcarse en postales como Rossano, Acri, Cassano, San Basile, Frascineto, Morano, Civita, Acquaformosa, San Lorenzo, Saracena, y Altomonte.

En el 1400, Ferdinando I de Aragón conquistó Castrovillari. En esos años se erigió el Castillo Aragones, el cual fue terminado entre el 1480 y 1490. El castillo, símbolo de la ciudad no se construyó para protegerla, sino para castigar a la población local por sus continúas revueltas.

En el 1806 Napoleón Bonaparte domina el sur de Italia y establece el Distrito de Castrovillari con el que se reconoció a la ciudad como guía para todo el territorio del norte de Calabria.

Durante la festividad regional la tradición que aún se conserva entre las mujeres ancianas es organizarse para cocinar las “vecchiarelle” (frituras de harinas bañadas en miel) plato típico de la celebración y son distribuidas a los devotos de San Giuliano.

Castrovillari es un lugar lleno de recuerdos de los ancestros de muchas familias italianas que vivieron en ese pequeño rincón italiano que enmarca la presencia castrovillarese en Panamá.

Por mencionar algunos de los apellidos de Castrovillari y que emigraron a suelo panameño reconocemos a  Domenico D’Alessandria, Giuseppe Pace, Vincenzo Cappelli, Aldo Schettini, Michele Donadio, Pietro Varcasia, Umberto Conte, Domenico Di Diego, Vittorio Viggiano, Fedele Calvosa, Francesco Marrone, Attilio Rotondaro, Michele Amato, Elvira Pugliese, Nicola Bonifati, Carlo Cardone, Francesco Lopolito, Giuseppe Stabile, Vincenzo Martino, Achile Lombardi, Pasquale Grisolia, Pinuccio Paternostro, Peppino Donato, Armando Bloise, por mencionar algunos.

Por lo general, los mismos eran en el dialecto vernacular como por ejemplo ‘U Miricanu, ’Gnazio, Stidda, Scaliendra, Cafuniddu, Scorza, Cucuzzedda, Cucuzziddu, Micuzzo y Curdaru.

En Castrovillari al pensar en bailes típicos italianos lo primero que nos viene a la mente es la tan famosa "tarantella" la música y la danza más popular de Italia.  Característica de las regiones del sur como Calabria, Abruzzo, Molise, Campania, Puglia, Basilicata y Sicilia. De origen napolitano se caracteriza por los movimientos del baile y el canto. La tarantella calabresa se diferencia de las otras tarantelas del sur de Italia en el ritmo. Se baila en pareja, rodeados de un círculo de personas llamado ruota (rueda). El “U mastru i ballu” (maestro de baile) en dialecto, elige el orden de las personas de la rueda que pueden bailar cada vez. Los instrumentos que se usan en la tradición calabresa son: la zampogna que mas tarde se remplazó por el organetto; el tamburello, la fischiotta y la lira calabresa.

El nombre de “la tarantella” proviene de una creencia popular de la Edad Media. En aquella época cuando los campesinos salían a recolectar la cosecha solían ser atacados por animales escondidos entre la maleza siendo algunas veces tarántulas o arañas venenosas muy comunes en el sur de Italia. Se creía que para no morir envenenado había que bailar con determinados movimientos. Gracias a eso se llegaba al estado “tarantuleo” y de allí se genera el nombre que a nivel mundial se conoce como la “Tarantella”.

Finalizo este artículo rindiéndole honores al traje típico de gala de la región “la Pacchiana”  engalanado por algunas damas de nuestra comunidad italiana en Panamá.

Giovanna Pace Russo

Elizabeth Grisolia