RECORDANDO ESAS EXTRAÑAS y ESCALOFRIANTES COINCIDENCIAS...

De Él lo que queda es una curva que lleva su nombre en el Autódromo de Monza y remoto recuerdo como el último italiano campeón del mundo de F1.

Entre leyenda y superstición, los libros han contado mucho respecto de Alberto Ascari.

Ciertamente las coincidencias con su padre Antonio son impresionantes. Ambos pilotos murieron durante una carrera o una prueba. Padre e Hijo a la misma edad, 36 años. Los dos fallecieron un día 26: mes de julio el Padre, en el mes mayo el Hijo. Dos meses antes de su cumpleaños: 15 de septiembre para el Padre, 13 de julio para su Hijo.

Y luego, esa trágica caída al mar en Monte Carlo, unos días antes. Episodio que terminó sin graves daños pero con tanto miedo.

UNA OCURRENCIA ENTRE AMIGOS QUE TERMINÓ EN TRAGEDIA.

Una llamada telefónica de sus amigos Villoresi y Castellotti, fue suficiente para que Alberto los alcanzara en Monza, donde estaban probando un Ferrari 750 para el GP Supercortemaggiore.

El, siempre supersticioso y que nunca se habría subido a un coche de carreras sin sus objetos, empezando por el casco, se pone al volante del bólido.

Ascari pide dar tres vueltas al circuito para estirarse, tanto para afinar ciertas prácticas que cuatro días antes, durante el GP de Montecarlo, estuvieron a punto de costarle la vida.

Quería respirar ese aire que cuando niño, con su padre Antonio, había entrado en sus pulmones, dándole un sentido a la vida que iba s seguir. "Chicos, doy tres vueltas, sólo para estirarme y los alcanzo en el restaurante", dijo.

Tomó el casco de Eugenio, se lo puso y partió en velocidad. Primera vuelta, segunda vuelta, tercera vuelta: la tragedia.

Alguien afirmó que un espectador había cruzado la pista. Pero Tino Brambilla, que se encontraba de observador en el lugar, dijo que el Ferrari perdió el rumbo, se volcó y aplastó a Alberto Ascari. Éste murió instantáneamente, aunque lo transportaron al hospital San Gerardo en Monza, no muy lejos del autódromo.

ESA CAIDA AL MAR EN MONTE CARLO CUATRO DÍAS ANTES.

Cuatro días antes, durante el GP de Monte Carlo, Ascari había arriesgado su vida. Había perdido el control de su auto debido a una mancha de aceite dejada en pista por el motor dañado de su colega Moss.

En el accidente había roto la protección perimetral de la chicane del puerto y voló hacia el agua.

Lo rescataron  con el tabique nasal roto, pero sin ninguna otra lesión.

CON SU MUERTE “LANCIA” DECIDIÓ RETIRARSE DE LAS CARRERAS

En esa misma curva donde perdió la vida, en Monza, el año anterior, el Campeón se había salido de la pista con su Lancia D50. Para esa fecha Alberto Ascari ya había ganado dos campeonatos del mundo de F1. Se había anotado siete vueltas más rápidas seguidas y compartido entre monoplazas y coches deportivos, siempre alcanzando records.

Su desaparición afectó mucho al ambiente de las competencias y la marca de autos Lancia decidió dejar de competir en la categoría máxima.

Ese 1955 marcó un año muy triste para el automovilismo italiano y mundial.

La naciente formación de Ferrari fue diezmada en poco tiempo: en Le Mans se consumó la tragedia de Levegh y el Mille Miglia fue el escenario de la desaparición de De Portago. Enzo Ferrari fue pintado como un “Saturno que se alimentaba de sus hijos”.

UNA PLACA EN CORSO SEMPIONE 60, EN MILÁN, DONDE VIVIA,

Ese día, a finales de mayo, en un autódromo de Monza en silencio, roto sólo por el rugido de ese deportivo Ferrari, se apagó la vida y la historia de Alberto Ascari.

Piloto como su padre, dos veces campeón del mundo de F1. Uno que nunca se subiría a un coche de carreras el día 26, con otro casco que no fuera el suyo, pocos días después de la premonición de Monte Carlo. Sin embargo, el destino cumplió sus designios.

En Milán, en el Corso Sempione 60, hay una placa dedicada a él, en el edificio donde vivía. Y en Monza, una curva, una de las más técnicas del mundo, aquella que le cobró la vida, lleva su nombre.

Después de 65 años, Italia sigue esperando a un campeón del mundo que pueda romper este largo ayuno de gloria.

tomado del artículo de PAOLO CICCARONE

para motores RMC