Esta obra fue pintada por el gran pintor Michelangelo Merisi, conocido como Caravaggio (1571-1610) realizada entre 1600-1609 con la técnica de óleo sobre lienzo y mide 268 x 197 cm. Hoy se desconoce su paradero, porque en 1969 fue robado del Oratorio de San Lorenzo en Palermo.

El cuadro fue encargado en 1609 por la Compagnia dei Cordiglieri e Bardigli y realizado inmediatamente durante la supuesta breve estancia de Caravaggio en Palermo. Fuentes y estudios recientes indican en cambio el año 1600 y, también, que el lienzo fue encargado en Roma por el mercader Fabio Nuti, entonces hecho en la misma capital y no en Palermo.

En el lienzo, la Natividad está representada con una narración realista auténtica que hace la escena "palpable". Lo que se destaca en esta obra es la espontaneidad que muestra cada personaje.

La composición de los personajes en su conjunto es aparentemente sencilla, vinculada a los santos de la Compañía y del Oratorio que se colocan a los lados de la escena central de la Natividad, como en un retablo del siglo XVI.

La Virgen no tiene un rostro celestial y noble, sino el de una mujer ordinaria, con una mirada melancólica que mira a su hijo recién nacido ya tendido en el suelo, prefigurando ese luto bajo la cruz aún por venir pero ya lacerante en su corazón materno.

Mientras que San José, de espaldas, se dirige a un anciano pastor, y a su vez debe ser de edad avanzada, dado el pelo corto y ralo, aunque esto contrasta con su físico vigoroso y ágil. Según varios estudios, este anciano caballero ha sido identificado con el hermano Leo.

San Francisco a la derecha está representado con un hábito y rezando con las manos juntas, mientras venera al niño Jesús simplemente tumbado en el suelo, en una cama de paja, y por primera vez en la historia de la pintura no brilla con su propia luz. También él está iluminado por el corte de luz que el artista hace comenzar de izquierda a derecha y sobre todo no vuelve la mirada al espectador, de hecho su rostro ni siquiera es visible. A la izquierda de la Virgen está en cambio San Lorenzo, también cubierto, observa absorto el milagro recién nacido

El buey parece manso y dócil a ese pequeño tan aparentemente sin importancia, que apenas se puede ver al burro en el fondo.

Como es tradicional Caravaggio también coloca el ángel que anuncia el nacimiento a los pastores y pone en su mano el pergamino con las palabras: "GLORIA EN ECCELSIS DEO". El ángel, sin embargo, se representa en el acto de descender hacia la Virgen y el niño, mientras que con su mano derecha señala el cielo y con la izquierda se extiende hacia la cabeza de María: de esta manera la figura del ángel construye un puente entre el cielo y la tierra, en una diagonal que identifica en la oscuridad de la escena, el descenso de una luz que ilumina.

Hasta ahora, quién va al Oratorio de San Lorenzo en Palermo debe contentarse con poder admirar una copia fotográfica.

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