El contexto urbano en el que se inserta la Fuente, diseñada por Gian Lorenzo Bernini, ( Nápoles, 7 de diciembre de 1598 - Roma, 28 de noviembre de 1680 ) consiste en un espacio, de la Piazza Navona, resultado de intervenciones superpuestas e integradas a lo largo del tiempo que han imprimido huellas históricas ininterrumpidas, que todavía se encuentran en la arquitectura que da a la plaza, nacida como lugar de entretenimiento y todavía espectacular escenario al aire libre, un milagro arquitectónico en el corazón de la ciudad eterna, lleno de obras maestras en perfecta armonía entre sí.

La mirada del espectador es atraída inmediatamente por la Fuente de los Cuatro Ríos, que sobresale, espléndida e imponente en el centro de la plaza, dominando con su bulto y sus personajes que casi parecen cobrar vida por el estruendoso flujo de agua. Se hace aún más famoso gracias a Dan Brown en el cuento Ángeles y demonios donde el profesor Langdon intentará salvar al cuarto cardenal, el italiano Aldo Baggia.

El Papa Inocencio X Pamphili quería que decorara la plaza en la que se estaba construyendo el palacio familiar (junto con la cercana iglesia de Santa Inés y el Colegio Inocencio) de forma monumental,

Bernini trabajó en la Fuente de los Ríos entre el mes de julio de 1648 y el mes de junio de 1651 (cuando fue inaugurada), en nombre del Papa Inocencio X, de la familia Pamphili. Su proyecto unitario fue realizado con la ayuda de los escultores Giacomo Antonio Fancelli (el Nilo), Claude Poussin (el Ganges), Antonio Raggi (el Danubio), Francesco Baratta (el Río de la Plata).

La fuente está compuesta por un falso acantilado, que emerge del depósito de agua. En el centro se encuentra un obelisco egipcio (imitación de la época romana). El obelisco fue encontrado en 1647 en el circo de Majencio en la Vía Apia y destinado inmediatamente al proyecto.

En el centro de una cuenca elíptica baja, la fuente se imagina como un gran acantilado de travertino, tallado en una cueva con cuatro aberturas, que soporta el obelisco de granito.

En las esquinas del acantilado están las monumentales estatuas de mármol que representan alegorías de los cuatro ríos principales de la Tierra, uno para cada uno de los continentes entonces conocidos. El Río de la Plata para las Américas, el Nilo para África, el Ganges para la India y el Danubio para Europa. La fuente también está dominada por el Espíritu Santo en forma de paloma. Este símbolo se interpreta como el emblema del Papa Inocencio X, pero también como el triunfo de la Iglesia Católica Cristiana en los cuatro continentes.

Las cuatro grandes figuras personifican otros tantos ríos. El Ganges tiene un remo para recordar su fácil navegación. El Río de la Plata lleva entonces muchas monedas preciosas que recuerdan el color de sus aguas. En cambio, el Nilo se cubre la cara para indicar sus fuentes aún desconocidas en ese momento. Finalmente en el Danubio indica el emblema de la familia Pamphili.

El agua es un elemento central y de igual valor que las esculturas. Da un efecto de movimiento porque no sale a chorros de un solo punto, sino que brota entre las rocas y se vierte continuamente en la gran cuenca base. Un efecto espectacular que se suponía que simbolizaba el papel triunfante de la Iglesia en los diferentes continentes.

El material utilizado para la construcción, la base de la fuente, donde se representa la fauna y la flora, está tallado en una roca de travertino. Las figuras humanas fueron talladas en los talleres en una roca de mármol y luego ensambladas en el sitio.

El espacio alrededor de la fuente es accesible al observador, que puede así observar el grupo de figuras desde varios ángulos. Por lo tanto, su experiencia se transforma en una observación circular que se desarrolla a lo largo del tiempo.

La historia de la fuente, está en el origen de la famosa rivalidad entre Gian Lorenzo Bernini y Francesco Borromini que fueron protagonistas de un conflicto profesional que dio lugar a algunas anécdotas que se desvanecen en la leyenda. La realización de la fuente había sido asignada a Borromini, pero Bernini logró ganarse el favor de Inocencio X y obtener el encargo.

El 12 de junio de 1651 se inauguró la Fuente, despertando gran asombro y maravilla en el cliente y en los observadores, según se desprende de las crónicas de la época y de las historias de los viajeros.