Primero con una coalición amarillo-verde (M5S+Lega) y luego amarillo-rojo (M5S+PD), dirigida por Giuseppe Conte, un abogado al que se le habían confiado los galones de primer ministro. Gobiernos que han sido incapaces de poner remedio a los estragos sociales, económicos y sanitarios de una Italia arrodillada y, además, azotada por Covid. Hasta que Matteo Renzi hizo desfilar ministros y votos a ese batiburrillo políticamente incorrecto y el gobierno de Conte-bis cayó. Pero puede que ya lo sepas.
El hecho perturbador y sin precedentes fue otro. El director del nuevo escenario fue el Jefe de Estado Mattarella que, en plena emergencia y con sutil astucia, se sacó un as de la manga al encargar la tarea de formar un nuevo gobierno a una persona de alto nivel, ajena a las intrigas políticas. Mario Draghi, un economista de enjundia, ex presidente del BCE (Banco Central Europeo) que, en los años más difíciles, consiguió salvar el euro y una Europa unida. La elección inédita de Mattarella, no apostar por el político de siempre sino por un outsider, un técnico de indiscutible valor.
Ante un probable salvador de la patria de tanto carisma, los partidos y los pequeños partidos han dejado de luchar para subirse (casi todos), al carro de la victoria, un poco "por convicción un poco" para el habitual oportunismo italiano. En una semana, el outsider Mario Draghi ha obtenido el apoyo del PD, de la Liga de Salvini, de Forza Italia de Berlusconi, del Movimiento 5 Estrellas (que ahora se arriesga a un amenazante cisma interno), más varios pequeños partidos de diferentes expresiones políticas. La única voz fuera del coro es la de Fratelli d'Italia, que ha elegido el camino de la abstención.
En definitiva, en una semana Supermario ha reunido a la derecha, al centro y a la izquierda, una gran mayoría con fuerzas políticas incluso enfrentadas entre sí, todas diferentes pero todas juntas para salvar a una Italia al borde del default. Draghi, siendo la persona tan experimentada que es, ha montado un nuevo gobierno mezclando técnicos altamente cualificados y políticos de vieja militancia. Una vez hecho el equipo, el nuevo Primer Ministro está planificando la agenda: en primer lugar una solución sanitaria al Covid, luego la emergencia económica y social, pero sobre todo el desarrollo creíble de ese Fondo de Recuperación, para recoger esos 206.000 millones de euros que la Unión Europea ha puesto a disposición de Italia. Una oportunidad de reactivación que el país no puede dejar pasar.
Desde el nombramiento de Draghi -primer ministro que no pedirá sacrificios a los italianos, sino que tendrá dinero para dar- una ola de entusiasmo y esperanza parece haber contagiado al país: las bolsas italianas han subido, el diferencial ha bajado a 90 puntos, Merkel y Macron (además de Biden) le han felicitado por su elección al frente de Italia. Las asociaciones empresariales e incluso los sindicatos han expresado su confianza en la elección de Mattarella, que de este modo ha barajado las cartas. Quizá haya aparecido un rayo de luz al final del túnel.
Supermario es alguien que sabe hacer las cuentas, es riguroso y lúcido, detrás presume de una biografía con las escamas. Pero ahora hay que pasar de las palabras a los hechos: no es un reto fácil el que tendrá que afrontar. Italia necesita reformas, una nueva savia para reiniciar los motores y recuperar el papel de prestigio que merece en el mundo. Ferrari y la moda, la excelencia gastronómica y el Made in Italy, el fútbol y las canciones ya no son suficientes. Hay mucho que hacer.
¿Será Mario Draghi el hombre adecuado en el momento y lugar adecuados? Una cosa es cierta: ya no es el momento de discutir y compadecerse, sino de arremangarse y trabajar de verdad. Después de todo, ¿no llevamos siglos diciéndonos que los italianos somos buenos para salvarnos in extremis?

Una biografía de lujo
Mario Draghi, de 73 años, es economista, académico, banquero, ejecutivo público y, desde el 13 de febrero de 2021, Presidente del Consejo de la República Italiana. Estudió en la Universidad de Roma La Sapienza y luego se especializó en el MIT de Boston. Antiguo profesor universitario, durante los años 90 fue Director General del Ministerio de Hacienda.
Tras un breve paso por Goldman Sachs, en 2005 fue nombrado Gobernador del Banco de Italia, siendo también miembro del Consejo General del Banco Central Europeo y del Consejo de Administración del Banco de Pagos Internacionales. Posteriormente, fue Director Ejecutivo para Italia del Banco Mundial y del Banco Asiático de Desarrollo.
Entre 2011 y 2019 fue presidente del Banco Central Europeo -durante la crisis de la deuda soberana europea-, ámbito en el que se hizo muy conocida su frase de 2012 Whatever it takes, para indicar que el BCE estaría dispuesto a hacer lo que fuera necesario para preservar el euro. Y fue él quien salvó la moneda europea en el periodo más oscuro de la Unión. No es miembro de ningún partido político.
Romano, casado, con dos hijos, a Mario Draghi le encantan los perros, es aficionado al tenis y al golf, nunca lleva abrigo y su reloj siempre va 5 minutos por delante. ¿Razón? Siempre quiere ser puntual. En 2018, la revista Forbes lo situó en el puesto 18 de los hombres más poderosos del mundo.

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