«Si pudieras ver tú lo que yo estoy obligada a ver, querrías ser ciego» 

Ensayo sobre la ceguera.

Jose Saramago

La falta de visión generalmente la asociamos, a la oscuridad, y a los matices negativos que injustamente damos al color negro. Si negra es la ceguera, entonces no es tan ciega. De hecho, el escritor portugués José Saramago (premio Nobel de literatura 1998), la describió blanca, cual, lo es la leche. Aunque no es tan importante, el color de la ceguera, como si las imágenes que por los ojos dejan de colarse.

Si sobre pandemia se habla hoy día, ya hace 25 años, se publicó una novela, cuyo autor, nos narró no solo los hechos inimaginables hasta nuestros días, de una enfermedad virulenta y brutal, con una capacidad enorme e imparable de contagio, sino, que nos describió la respuesta conductual, del ser humano, frente a un hecho tan atroz, sobre su salud.

“Ensayo sobre la ceguera”, frío título escogido por el portugués, describe las vivencias de un grupo de personas sometido a los rigores de su propia condición humana, cuando ésta abandona la razón, y le abre camino solo a instintos básicos de supervivencia. 

Con su especial narrativa, Saramago, coloca al lector frente a una sociedad no identificada, en la que interactúan personajes, tampoco identificados, contagiados de un extraño virus, igualmente desconocido, que deja a sus víctimas, en la invidencia. En dicha tragedia, solo una persona logra estar sana, y es quien logra ver los acontecimientos que se desarrollan.

Las primeras victimas son separadas del resto de la sociedad, y recluidas en centro especiales por parte del gobierno, que teme la peor de las pandemias, pero la ceguera les llega a todos los lugares, sin perdonar del contagio a nadie. El gobierno colapsa en todos los planos de la política y lo social -salud, economía y seguridad-, abriendo paso al individualismo sin cuartel, que luego degenera en hordas de contagiados, que luchan por imponerse, unos sobre otros, para asegurarse recursos básicos de subsistencia -alimentos y espacio-.

Detrás de las letras de este escritor, no yace solamente, el hecho de conocer al ser humano, que podemos ser en circunstancias de riesgo, sino que nos pone a dudar, si ya nuestra sociedad, no está contagiada de un virus social y hasta global, como lo pueden ser el individualismo, el hiperconsumo, la falta de valores humanos, la solidaridad, la violencia, la lucha por el poder político, como lo describió, mucho antes André Malraux, y otros tantos vicios sociales, que se han tornado parte de nuestras vidas. 

Y es que, aunque gocemos del sentido de la vista, no percibimos, ni damos importancia a todo lo que acontece frente a nuestros ojos. En esta pandemia del Covid-19, todavía hay sujetos que no asumen el rol preventivo, que les toca en sociedad. Aún hay comerciantes, que especulan con artículos sanitarios y de higiene necesarios, para la prevención. Existen foros donde se discute, si la economía, está por encima de la salud, o esta debe estar por encima de la anterior. Ignoramos por la indisciplina individual, el equilibrio social, y lo peor, que hay quienes desde la esfera de los gobiernos lucran desalmadamente de las finanzas pública, amparados por el estado de crisis sanitaria.

En una de esas tantas frases de meditación obligada, y ya casi al final de esta vigente obra, un personaje le dice al otro, «creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven».